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Resulta que no somos tan especiales.

El artículo Tengo envidia de mi amiga, cómo llevarlo mejor  es uno de esos artículos que escribes desde una parte de tu interior que no logras ubicar muy bien —suelen señalarla como “de dentro”, “del alma” o “de ahí”—, y que un día miras y oh, resulta que bastante gente en todo el mundo donde se habla español se ha sentido identificada con ese sentimiento contradictorio. Contradictorio y engañoso, dado que la envidia es un sentimiento tabú.

No somos tan, tan especiales. Y eso es hasta bueno.

Ayer presencié por segunda vez un cuadro de envidia. Situación: tres mujeres en sus 50 o 60 están hablando con una joven de 25 años (hagamos que tiene los años que le he echado). Las cuatro se conocen desde hace años, intuyo, no obstante, la conversación se desvía hacia un “Ayer te vi con tu marido” de una, que acto seguido es rematado con un insidioso “por supuesto que a ella tú no le ibas a ver, estabas con tu marido; no tendrías ojos para nada más”, como respuesta al despistado “Oh, no te vi” de la joven. Evidentemente, la información que te llega es una fracción de la que me llegó a mí, que presencié esa escena. Pero si describo la segunda intervención como insidiosa, lo hago por análisis breve del tono de voz de la mujer —ni siquiera había intención en disimular su desdén. Y por si me quedaba duda, tuve la mala suerte de tener que compartir espacio con esa mujer un minuto después, para que su desdén cayera sobre mí también. Solo que en este caso intentó disimular, pero sin arte.

Thoughts? Yo tuve un déjà vu, era la segunda vez que las mujeres mayores le hacían eso a la joven, y probablemente dentro de unas semanas vuelvan a hacérselo.

Hay artículos a los que yo misma vuelvo porque sí, soy un ser humano, y a veces una Esther de otro momento en el tiempo puede, aunque sea, recordarme algo que ya sé, pero que en el empuje del momento, olvido. En momentos de inevitable comparación con los demás la tendencia a hundirse por agravio comparativo se acentúa. Por ejemplo, en los confinamientos los psicólogos de instagram decían: “abraza a tus familiares, los abrazos alivian, bla, bla, bla”, pero no respondían a la pregunta “¿Y qué pasa con la gente que vive sola?”. Por eso he creído necesario desviarme un poco del ruido del exceso de información y ponerme en modo básico. Eso significa volver a dar puntos del artículo de cómo lidiar con la envidia propia, y un bonus.

Uno de los puntos de ese artículo se definía como gratitud —hoy redefinirla como aprecio, o consideración—; el otro, como límites. Con respecto al primer punto, es bueno pararse y observar la historia de tu vida hasta hoy, porque esa es una manera de ganar estabilidad interna. Con respecto al punto de límites, la energía vital es limitada, y mientras el mundo nos deja una tregua en la que podamos recuperar la energía, toca limitar su uso.

Como bonus añado la necesidad de invertir un poco en salud mental y recursos de estrategia y liderazgo personal. Esto vale para la gestión de la envidia y también la gestión de la salud mental. La semana pasada tuvimos la masterclass con Julio de la Iglesia para aprender a superar el miedo. Esta semana es el taller y mastermind conmigo en la que el objetivo es recuperar la visión pese al bloqueo mental que induce todo lo que ha pasado este año, (re) definir el éxito y poder marcar estrategias en el ámbito que consideres más prioritario ahora. O aunque sea para aclarar las ideas.

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

¿Qué opinas? Hablemos.