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Por qué debería mirar de nuevo la curva de Dunning-Kruger

La primera vez que vi este gráfico hice lo mismo que la segunda: enseñárselo a alguien y señalarle el punto en el que –según yo— me encuentro. 

Este diagrama relaciona la confianza en uno mismo con el conocimiento real de algo (léase “la vida” o “la profesión”). Curiosamente, lo hace de forma tan acertada y peremne que hasta impresiona. Primero, porque todos, absolutamente todos, pasan por esa curva. 

La primera parte merece una mención. Es el espacio común de nuevos jefes, jefes inexpertos, jefes novatos y personas que se vienen arriba en su primer ascenso (o la primera vez que se ven por encima de alguien más en la escalera). También es lugar común de gente que fastidia durante años. En ese primer ascenso en la curva la vida se parece a las series de Netflix de lo bien que va, se tiene mucho que mostrar en stories de instagram y a veces incluso mujeres pasan de usar zapatillas de deporte y hablar normal a usar tacones y creerse Jessica Pearson. Esa primera parte de la curva, al estar alineada con la alta ambición, tiene también a los jefes jóvenes adictos al trabajo y queriendo que todos los demás también lo sean, gente saltando por encima de gente y gente viendo amenazas por todas partes. 

Normalmente el punto más alto se alcanza, lo llaman cumbre de la estupidez, aunque los estúpidos nunca lo sabrán. Es un punto definido más bien por darse cuenta de que uno está siendo estúpido con tanta ambición y tanto ego (por la razón que sea y en el contexto que sea). Para que quede claro, este punto viene acompañado de una pérdida importante y el tener que tomar una decisión actuando de manera distinta.

¿Habrá sido 2020 la cumbre de la estupidez para el mundo? Que cada uno decida, yo creo que sí. Y como indica la curva, hay que bajar por ella para volver a subir. La primera vez que me encontré con este diagrama di la misma respuesta que la segunda vez sobre el punto del mismo en que me encontraba. No estoy segura de en cuál de las dos acerté, pero está claro que en la primera no. Pero lo bueno es que con nueva información se puede pensar diferente y —ojo ahí— ambicionar diferente.

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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