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Tu autoestima (eso que a nadie le importa)

 

I don’t want to set the world on fire…

Pero voy a hablar de algo que escuece. Tu autoestima. ¿Te acuerdas? En 2018 se habla tanto de liderazgo que ya no se habla tanto de autoestima; me acuerdo que de autoestima se hablaba con más pasión en los 00s (2001, 2002…). Es como si llegara el “liderazgo” —el liderazgo, esa idea de la que todo el mundo habla y cada gurú describe de una forma— y pum, todo arreglado. Ya no hacía falta hablar del bienestar emocional.

Últimamente veo algunos leaders describiéndose en inglés como “overachievers” (cuidado, que la diferencia entre “overachiever” y “workaholic” a veces está solo en el nombre). Son gente extremadamente exitosa, muy sonriente, muy confident, pero que me hacen preguntarme cuándo considerarán su éxito como algo lo suficientemente bueno.

En un mundo de jefes que ponen cuchillos cebolleros en el cuello de los cocineros amenazándoles con que el servicio tiene que salir perfecto, jefes que amenazan con echar a todos los junior si el proyecto no se entrega mañana, jefes que si no te gritan no te han hablado y jefes que no pueden escuchar porque hacerlo es un acto de debilidad y gente que predica el “fake it till you make it”, creo que necesitamos ir a la base.

La autoestima no es “Haz lo que te digo, o te rajo”. Tampoco es “aquí mando yo, y aquí hablo yo”. Tampoco es cuando tú tienes razón. Y sobre todo, no es lo que tienes (o vales).

La autoestima es la estima de ti mismo. Y la estima es, como su propio nombre indica, una estimación.

Es la estimación de la diferencia entre lo que crees que eres y lo que sueñas ser. Por tanto, cuanto mayor es la distancia entre lo que crees que eres y lo que sueñas ser, más baja tendrás la autoestima.

10 segundos de descanso.

Por eso hay tanto lío. Y si juntamos persona altamente autoexigente con management y con baja autoestima, bomba. Si juntamos eso a lo que una persona cree que necesita hacer en su día a día para que se la respete/se la obedezca (en realidad, llegar a ser lo que ella sueña ser), vemos toda clase de acciones de esas que hacen que los jefes no sean la persona a la que más se quiere en una empresa. Tu autoestima no es algo que le importe a la gente que trabaja contigo, pero sabes que afecta directamente a tu desempeño como manager. Y, aunque escueza, no puedes huir de ella. Así que de líderes es mirarla a la cara… y llevarse bien con ella.

Y con calma, que ahora mismo lo queremos todo rápido e instantáneo. Por eso proliferan las recetas instantáneas, esas que la gente compra porque prometen darte el resultado sin que tú tengas que hacer el trabajo. Según Christophe André y François Lelond, la autoestima se basa en tres pilares: amor propio, autoimagen y autoconfianza.

Amor propio: el amor propio es cuando tus necesidades son coherentes con tus valores, y tú las respetas satisfaciéndolas regularmente. Como gestor de un equipo, o de tu vida, el amor propio se construye primero, teniendo esto claro: qué necesidades tengo y qué valores tengo.

Imagen propia: cómo te hablas, y cómo te ves. Esta parte no gusta a algunos, y de esta parte huyen los que creen que por vestirse de una manera, hablar de una manera o intimidar ya lo han logrado. Cierto es que si no te gusta tu imagen puedes construir otra… y que verte guapo ayuda. No obstante, en este mundo en el que a uno se le puede comprar con los resultados de una búsqueda de Google es importante asumir que no podemos ser todos iguales.  Pero lo que sí podemos hacer es desarrollar unas formas y una manera de presentarnos al mundo coherente con nuestros principios, y lo que queremos lograr —dentro de la honestidad—.

Confianza en ti: Equivocarte (a menos que estés en un lugar donde se te exija perfección y no te puedas equivocar porque tus fallos impliquen grandes destrozos) es humano. No siempre “no pasa nada”, de hecho “sí pasa algo”. Lo importante es que haya solución. Antes de practicar las power poses, conviene:

 

  • Aprender continuamente. Nadie lo sabe todo, y nadie tiene por qué saberlo todo. Yo digo que el éxito ya no tiene secretos, sino claves, y una de ellas es el feedback
  • Habituarse a escuchar las críticas sin que éstas te enerven —tú sabes cuándo aceptas una crítica realmente y cuándo dices que la aceptas, sonríes, pero esa sonrisa es más tensa que un cable apunto de romperse—. Que te metan caña es bueno.
  • Aprender a comunicar, argumentar, expresarse, poner en contexto. Por suerte o por desgracia, se nos entiende cuando nos hacemos entender.
  • Primar la salud y la organización.
  • Añadir la eficiencia a la lista de valores. Pero dar las herramientas para que se consiga.

No compres todo lo que veas en LinkedIn, o en Instagram.  O en los congresos a los que va mucha gente: hay mucho postureo. Nadie es perfecto, y la autoestima es un asunto que nos toca a todos. Pero como en los presupuestos: si no puedes permitirte algo, no te lo compres: mejor ahorra. En el liderazgo igual: si no puedes permitirte liderar como Obama, no finjas ser Obama. Mejor desarróllate, aprende, fórmate, crece.


Imagen: Nathalia Rodríguez

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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