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Qué hacer cuando te gusta tu trabajo, pero no tu jefe.

“Buenos jefes, malos jefes” es una obra del psicólogo de la Universidad estadounidense de Stanford en la que aborda la situación del líder o jefe incompetente, como una de las principales dificultades en el ámbito laboral, de las más delicadas y estresantes que podemos encontrarnos y muy por encima de la sobrecarga de tareas o el salario.

Lo prioritario y más importante en estos casos es centrar el problema y generar una solución que, en la mayoría de los casos, no pase por dejar ese trabajo que te apasiona o que por razones personales, familiares y económicas, no puedes dejar.

En esta situación, conviene olvidarse de centrar o invertir nuestro tiempo en aquellas cosas que nos preocupan, como pueden ser las salidas de tono de un jefe tóxico o  sus constantes e inútiles emails reclamando cuestiones ya realizadas o asuntos que, en realidad, son de su única competencia.

No hay que ser víctima del problema, hay que ser protagonista de su solución.

Debes evaluar la situación con tu responsable directo o superior: tal vez la falta de empatía no sólo sea contigo, sino que esta persona –que, en la mayoría de los casos, ha sido impuesta cuando un equipo ya estaba formado y el engranaje estaba ensamblado y funcionaba – puede no adaptarse al nuevo entorno en el que ejerce como responsable. En primer lugar, debe darse un tiempo para dejar amoldarse a esta persona, al equipo y al puesto. Si, transcurrido un tiempo, no sólo no funciona sino que se enquista el ambiente enrarecido, habrá que optar por adoptar otras sistemáticas en la relación.

En todo caso, y en las relaciones con los superiores jerárquicos, hay que tener siempre en consideración algunos aspectos, que pueden llevar a analizar nuestra propia conducta con relación a esa persona y, en general, con el resto de compañeros y nuestra propia tarea dentro de la empresa:

  • Ponte en su lugar y trata de analizar su conducta y la tuya, pero con objetividad. Si tienes que modificar y mejorar alguna pauta en tu comportamiento o en tu actitud, házlo. Ambos saldréis reforzados de este análisis.
  • Habla, conversa y llega a acuerdos. El email es un arma de doble filo, no lo olvides. Lo escrito, escrito queda…y generalmente, la mayor parte de nuestras conversaciones escritas no dejan luz para que la entonación y el verdadero significado del fondo de la cuestión, afloren.
  • Nunca bajes la guardia en la realización de tu trabajo y tus tareas. Evita la confrontación o que pueda existir un punto sobre el cual lanzar un ataque que conlleve un conflicto. Las mentiras se suelen evidenciar tarde o temprano; el trabajo mal hecho o mal resuelto, no tiene defensa.
  • Y si la comunicación se vuelve insostenible: Intenta la mediacióna través de otros canales en la empresa como el departamento de recursos humanos. Pero no debemos caer en la tentación de utilizar este sistema como el lugar de las quejas o de las denuncias, sino más bien como interlocutor o, incluso, como coach en ese ejercicio de objetivación de la situación.

Y recordemos, honestidad siempre, en lo personal y en lo profesional.

Pero no puede ir nunca de la mano con faltas de respeto o con alinearse en el mismo plano de una persona que puede ser descortés, arrogante o, simplemente, mal jefe. Como dice el proverbio: “no abras la boca si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio”…pero no toleres situaciones que puedan llegar a afectar a tu autoestima o a tu responsabilidad laboral.


Imagen: Rawpixel

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Abogada por vocación, asturiana de nacimiento y convicción. Soy amante de la música y de la gastronomía, principalmente de la francesa y de toda su cultura, literatura y, en general, su Joie de vivre. Conectar personas y profesionales, y buscar soluciones ágiles a retos diarios, forman parte de mi agenda y mis pasiones.

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