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Por 13 razones: es hora de irte de ese trabajo

Si estás leyendo este artículo es la primera señal de que te lo planteas, y eso en sí ya es una señal de que es hora de irte de ese trabajo.

Que la vida está para vivirla y que es demasiado corta y está demasiado cargada de baches como para no disfrutarla como se merece, e intentar ser feliz y sentirse satisfecho con lo que hacemos a diario, es algo que pienso que todos tenemos en común. 

¿Renunciar a un trabajo para buscar una nueva y mejor oportunidad? Pues sí. Si has llegado hasta aquí gracias a internet es porque algo te hace sospechar que no quieres quedarte en tu actual puesto de trabajo. ¿Buscar un nuevo trabajo mejor remunerado, más creativo o más satisfactorio con tus metas personales y profesionales? Absolutamente, sí.

La tendencia humana natural a moverse por inercia, a no salir de nuestra zona de confort, nos deja, con demasiada frecuencia, aparcados en una plaza de garaje sin salida o con muchas rampas para salir de ella. Pero esa mediocridad no está hecha para ti, tú tienes ganas y suficiente energía para ir a por más, para ir a lo realmente conveniente, para escalar y subir a la cima de tu propia vida. 

Recuerda: aunque la necesidad económica pueda parecerlo o aunque tu situación personal o familiar no sea ahora la más adecuada o estable, nada te retiene en ese trabajo; si necesitas romper techos de cristal, romper techos profesionales o romper reglas no escritas de permanencia y estabilidad, que únicamente te paralizan, como el miedo. Si te sientes identificado con dos o más de estas premisas,

adelante: es hora de irte de ese trabajo.

  1. ¿Qué fue del contrato y las condiciones que firmaste? Ni el tipo de trabajo, ni tus funciones, ni el horario, ni tu equipo, tienen nada que ver con lo que en su día suscribiste en tu contrato, con lo pactado al momento de contratación o en su prórroga o renovaciones. 
  1. No consigues sacar adelante tus buenas ideas y ya te vas hartando de que ni tan siquiera tengas un espacio donde las sopesen.
  1. Nunca escuchas las palabras “gracias” ni “bien hecho”. Cuando logras algo, más o menos importante, nadie lo nota y/o nadie te felicita. 
  1. Te sientes como un número. No ven la persona que hay en ti, no escuchan lo que tienes que decir y opinar sobre la (buena o mala) marcha de la empresa o compañía, del departamento o de los proyectos. 
  1. Tu trabajo no parece tener un propósito. 
  1. Las condiciones salariales variables, han variado tanto que, en esencia, no existen. No llegan al mínimo rentable en la ecuación trabajo x salario. No te pagan tanto como mereces o como necesitas.
  1. Tu jefe manda, no dirige. Sólo mira hacia abajo, nunca en horizontal o hacia arriba. No hay liderazgo sino una suerte de destino de galeras: “Remad…y vivid” es su mantra. 
  1. Te critican públicamente. Hay un ambiente de tensión permanente con tus compañeros, con tus jefes inmediatos o a todos los niveles. Respiras toxicidad.
  1. No ves futuro ni proyección en las tareas o funciones que realizas. No ves la manera de avanzar en la empresa y crecer profesionalmente.
  1. Hace tiempo que ya no aprendes nada, que ya no te sorprenden y te sientes apolillado.
  1. Trabajas, trabajas, trabajas: no tienes tiempo para tu desarrollo personal porque no hay tiempo ni te quedan fuerzas para más.
  1. No tienes ningún modelo a seguir o mentor. Que podría ser de tu ámbito o profesión, pero no necesariamente; pero te resultaría necesario como consejero, como interlocutor, te animaría a buscar o seguir nuevos proyectos, te guiaría a veces y podrías verte reflejado en su trayectoria de alguna manera.
  1. Ya no te emociona, ni mínimamente, ir a trabajar…o simplemente ya odias que suene el despertador y tener que madrugar para ir hasta allí. 

Los expertos en mercado de empleo nos lo dicen: «Hay una línea que no se debe cruzar; nunca nos debemos conformar con un empleo que sea sólo ‘lo suficientemente bueno'». Y la razón está bien clara: Ya que vamos a pasar más tiempo trabajando que haciendo cualquier otra cosa, lo mínimo que deberíamos hacer para llevar una vida feliz es encontrar un puesto que nos encante. ¡Adelante!

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Abogada por vocación, asturiana de nacimiento y convicción. Soy amante de la música y de la gastronomía, principalmente de la francesa y de toda su cultura, literatura y, en general, su Joie de vivre. Conectar personas y profesionales, y buscar soluciones ágiles a retos diarios, forman parte de mi agenda y mis pasiones.

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