Home Carrera 5 cosas que le debes a tu trabajo (y 3 que no)

5 cosas que le debes a tu trabajo (y 3 que no)

Donde digo “trabajo”, puedo decir “empleador”, o “proyecto que confía en ti”.

Cuando aceptas un trabajo, estás firmando un contrato de intercambio. Tú das tu tiempo y tu habilidad a cambio de dinero y otros beneficios. Luego, tú cambias ese dinero que te dan por una vida, léase comer, pagar alquileres, cumplir objetivos económicos y de vida, etc.

Antes llegar a las 9 y e irse a las 5 era la doctrina. Uf, ahora. Hablar de horarios ahora es meter el dedo en la llaga, porque aunque salimos del trabajo, el trabajo muchas veces no sale de la cabeza. Oh, espera, que también se va a casa contigo. Por si no fuera suficiente, ya empieza a estar bien visto eso de salir el viernes con cara de fastidio contenido y el ordenador del trabajo bajo el brazo diciendo “me voy a tener que llevar trabajo a casa este fin de semana”.

Deberíamos tener —o al menos desarrollar— un sistema de control para que la adicción al trabajo no formara parte de nuestro día a día. Dicho de otra manera: un músculo llamado establecer límites.

 

Los límites son eso que no te terminará de quedar claro hasta que tengas un sentido de lo que es razonable y lo que no cuando te comprometes con un trabajo. Este artículo intenta dar nitidez la nublada —pero esencial— barrera entre tu vida y tu trabajo. Así que aquí va. 5 cosas que le debes a tu trabajo, y tres que no.

 

5 cosas que le debes a tu trabajo

1 Hacerlo bien

 

(tienes cuatro artículos que te vendrán bien, cuatro enlaces, cuenta con ellos). Si no te gusta tu trabajo, búscate otro, o déjalo, pero no seas un tropiezo en tu trabajo haciendo boicot. Primero, porque puede que creas que te vengas de un trabajo que no te satisface, pero en el mundo en que vivimos trabajamos en equipo tus compañeros  no tienen la culpa. Mientras estés ahí, haz tu trabajo.

2 Ser resolutivo, positivo, y aprender

Tengas los años que tengas, siempre hay espacio para mejorar y crecer profesional y personalmente. Además de eso, se espera ser resolutivo. Préstate atención, porque todos tenemos la tendencia de caer en comportamientos que te hacen caer mal en la oficina. Ojo.

3 La verdad

Te debes la verdad a ti mismo, y le debes la verdad a tu equipo. Nadie quiere a su lado a un mentiroso, o alguien que roba. Por otro lado, tus superiores necesitan saber lo que ocurre en el trabajo.

Es verdad que cuesta hablar porque muchos tenemos un micro-trauma infantil con  el término “chivato”. Pero vamos a ver. Piensa. Si hay alguien que está teniendo un comportamiento cruel o abusivo en el trabajo, ¿qué es peor, que ese comportamiento pare porque alguien se atreve a delatarlo, o que ese comportamiento continúe porque nadie se atreve a sacarlo a la luz? Si hablas y es como hablarle a una pared, acepta eso como una señal del universo, eso sí. La gente que no quiere enfrentar y resolver un problema… mejor dejarla ir.

4 Buen trato

Buen trato a tus compañeros. Buen trato a tus clientes. Buen trato a tu ordenador, que no es tuyo, te lo recuerdo, es prestado. Buen trato a las instalaciones de tu trabajo. Traba bien los aseos de tu trabajo. Trata bien tu ambiente de trabajo. Si te tengo que explicar por qué… mal vamos.

5 Integridad

No te atasques en palabras en lo que puedas resolver con hechos. ¿No te gusta este trabajo? Cámbialo. Esto te da más soluciones que desahogarte y despotricar de tu jefa en las redes sociales (cosa que, por cierto, no es buena para tu reputación; hay gente que se ha quedado sin trabajo por un tweet).

 

3 cosas que no le debes a tu trabajo.

1 La presidencia de tu estado mental

Suena bien, me explico. Si tienes un jefe adicto al trabajo, que quiere que tú también lo seas, te dará pena tu jefe, pero habrá que enseñarle a que los domingos, por ejemplo, se descansa, y que a partir de ciertas horas, no se usa el Whatsapp. Lo mismo los jefes: en esta cultura de la inmediatez cuesta refrenarse y decir “este mensaje me lo apunto en mi agenda para enviarlo el lunes”. Uno teme que si no da la orden en el momento en que se acuerda, la olvide y sea el fin de un procedimiento relevante. Pero por salud mental, tanto jefes como no jefes, necesitan establecer límites para que el trabajo no presida el estado mental.

2 Tu vida personal

Hay jefes que asumen que tú no tienes nada más que hacer con tu vida fuera del trabajo. Si tienes hijos y eres hombre, asumen que la madre de tus hijos es la que se va a encargar de todo. Si tienes hijos y eres mujer, asumen que los hijos se van a cuidar solos y la casa se limpiará sola, algo así como mágico. Si “no te espera nadie en casa”… “¿qué vas a hacer en casa?”, asumen que tú no tienes nada que hacer. El cerebro tiende a asumir y suponer, pero. no te enfades. Lo que planificas en tu vida personal a X hora es asunto tuyo, y no tienen por qué quitártelo.

“—Adela, ¿puedes quedarte para terminar estos documentos?

—Esta noche no, mañana a primera hora los hago

—¿Qué tienes esta noche?

—Un compromiso inamovible, pero no te preocupes, mañana los termino.”

Un buen tono pero firme, arreglado.

(Más: formas amables de decir no en el trabajo)

No hace falta que expliques mucho más. “Me gustaría quedarme, pero me es imposible. Me tengo que ir, sorry!”. Sonrisa en la cara. Levántate de la silla. Sal de ahí.

(Y crea una vida más allá del trabajo)

3 Tu alma

Tu trabajo puede incluir aspectos desagradables como reuniones aburridas, o clientes pesados, pero no debería pedirte ser alguien que no eres. Si te despiertas de noche acelerada pensando en lo que te pide tu trabajo, o si estás más irascible y tu familia es la que lo paga, para un poco y piensa si es eso lo que realmente quieres. Si ahora miras tu cuerpo y ves que tu ingesta de azúcares y estimulantes (o calmantes, o antidepresivos) es superior a cuando entraste, tu trabajo te está haciendo daño. ¡Déjalo! “Tengo una familia que mantener” Hay vida más allá de un trabajo que te mata, créeme. Tengas la edad que tengas.

 

Nadie en su lecho de muerte dice “ojalá hubiese trabajado más. Nadie. Pero sí hay gente que agradece que en su trabajo se comprenda que hay una vida personal y que ésta sea respetada. Tú decides cuáles son los límites entre tu vida y tu trabajo.


Imagen: Clam Omoeghno

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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