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Cómo dejar de gastar. Sí, hoy.

«Pues… quedándote sin dinero». Vale, no solamente así.

Lees esto en enero, mes de rebajas. O no. Puede que lo leas más veces.

La idea no es no gastar ni un solo euro, sobre todo porque ya he dicho que anunciar categóricamente que “no vas a gastar ni un solo euro en ropa” es una de las mentiras que te sueles decir cuando te haces un presupuesto.  La idea de “no gastar” en este contexto depende del nivel de cada uno y de los objetivos que tiene. 

Puede que me leas en enero, y quieras aprovechar las rebajas porque realmente necesitas nuevos elementos. Pero puede que ya tengas de todo y en el fondo —en el fondo— sabes que en realidad no necesitas comprar más. Ya tienes toda la que necesitas. Puede, por otro lado, que me leas en un mes que no es enero, sabiendo que quieres dejar de gastar. Tienes una edad, has hecho un balance y has concluido que necesitas dejar de gastar en pro de los objetivos que tienes para el futuro.

Esta estrategia en las finanzas personales te servirá si en este momento ves que tienes un problema con eso de gastar. O no un problema, sino algo que no te ayuda: llámalo X.

 

1. Siéntate y hay un inventario de las cosas que tienes por las que estás agradecido.

El impulso de gastar viene de pensar que no tienes lo que necesitas. Con las prisas de hoy en día y el estilo de vida tan acelerado que tenemos, tendemos a caer en la corriente de pensar de manera limitada. ¿Qué tienes? No te lo voy a decir yo, sin embargo, algunos ejemplos son: “Tengo ropa en el armario”, “Tengo Youtube, donde puedo aprender muchas cosas”, “Tengo este reloj que es un regalo”, “Tengo un perro precioso con el que salgo a pasear a las 8 de la tarde y mientras paseo me encuentro con gente interesante”. Recuerda lo que tienes, y agradécelo. El pensamiento de que necesitas más cosas para sentirte completo perderá fuerza.

2. Creatividad

Piensa en una cosa, hablando de tu casa, un ejemplo: puede que tengas la tentación de irte a una tienda que es más grande que un campo de fútbol y comprar cuadros, porque la pared de tu casa está sosa. Vale. De modo que irás ahí en coche y te tomarás tu tiempo para observar los cuadros que hay buscando uno que te satisfaga. Y sabemos que un cuadro llama a otro. Y a unas toallas, tres lámparas y esta estantería de 25 euros tan maja y fácil de montar. No obstante, en el fondo eres una persona creativa y ¡se te da muy bien dibujar! Entonces en vez de comprar un cuadro que ha hecho alguien que no conoces y quizá no te transmita nada, ¿por qué no hacerlo tú? Ya que estás en la tienda, cómprate un marco y una monsterra y dedica una tarde a pintar, en lugar de salir —y gastar—. Es más gratificante. “Esther, no sé dibujar bien…” Anda que no hay pintores que dijeron “Uf, no se me da bien pintar en concreto; me paso a lo abstracto. Total, el arte es arte”. Crear te calma y también te hace un mejor conversador, fíjate.

3 ¿Qué sientes realmente?

El dinero no da la felicidad —dicen—, pero sí da poder. El poder de comprar cosas o experiencias que te hagan feliz, o hagan feliz a alguien. Aquí entran en juego los sentimientos. Un desafío de no gastar tiene la consecuencia de ponerte delante de ti mismo y de tus verdaderas emociones. Concretamente, esas que hierven dentro de ti cuando gastas, y las que buscas tener al gastar.

¿Qué sientes cuando gastas, y qué buscas sentir al gastar? Puede que sientas miedo y busques sentirte seguro. Puede que estés delante del escaparate de Christian Loubottin y en el fondo tu cabeza diga “Me siendo inferior. Quiero sentirme a la altura, no por los 12 centímetros —o 16, si tienen plataforma—, sino por tener lo que las demás no pueden permitirse y andar como las demás no pueden. Con esos zapatos me sentiré superior (o poderosa, o atractiva)”. Quizá tus sentimientos de búsqueda vengan de lejos, aunque parezca que no tienen nada que ver. En la adolescencia eras inteligente, pero no eras popular, y eso es lo que se valoraba. Ahora tienes dinero y eso te da poder porque cada vez que te sientes impotente, puedes gastar —en algo o en alguien— y sentirte poderoso. O puedes gastar y despertar admiración en alguien.

¿Eso es bueno? ¿Malo? Esa no es la cuestión. Cada uno tiene sus intereses, y a veces es conveniente despertar sentimientos positivos hacia ti, y el dinero es una herramienta. Lo perjudicial viene cuando ese comportamiento es una adicción que esconde un problema no resuelto: la necesidad de “demostrar que eres, o que estás a la altura”. La vida va mejor si puedes saber que estás a la altura sin necesidad de gastar.

4. Qué te empuja a gastar

Este punto merece una ampliación, claro. Pero hablo de los escenarios que te presentan tentaciones más fuertes que tu decisión de dejar de gastar.

Ojo: este artículo no tiene la intención de presentarte el dejar de gastar como la única opción. Hay maneras de ahorrar, gestionar las finanzas, hacerse presupuestos que vienen muy bien. Además, sé que las restricciones de choque y categóricas en muchos de nosotros producen ansiedad. Pero incluso con eso, estoy segura de que esta disciplina viene bien para evaluar y subir de nivel en tu estilo de vida. Eso también es liderazgo.


Imagen: Kris Atomia

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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