La Estrella Azul: un viaje musical hacia la identidad

La Estrella Azul es un biopic atípico y profundamente emotivo que recupera la figura casi borrada del imaginario colectivo del músico aragonés Mauricio Aznar. Más que una simple narración biográfica, la ópera prima de Javier Macipe propone una travesía íntima y transcontinental que explora quiénes somos, de dónde venimos y cómo la música puede salvar, transformar o incluso trascender una vida. La película tuvo su estreno mundial en la sección Nuevos Directores del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, dentro de su 71ª edición.

¿Sobrevive un músico en sus canciones?

La película plantea desde el inicio una pregunta tan sencilla como poderosa: ¿permanecen los músicos en la memoria o en el corazón del público, o únicamente viven mientras sus canciones siguen sonando? La Estrella Azul parece inclinarse por esta última opción, y lo hace con una sensibilidad poco común en el cine español reciente. Tras sus primeras proyecciones en San Sebastián, muchos espectadores se preguntaron por qué esta obra no formó parte de la Sección Oficial.

De Zaragoza al desencanto

El relato arranca en Zaragoza, siguiendo los pasos del grupo punk-rock Más Birras y, en particular, de su vocalista Mauricio Aznar, interpretado con notable autenticidad por Pepe Lorente en su primer papel protagonista. Al principio, el espectador podría no advertir que la historia se basa en hechos reales. El grupo comparte época con bandas emblemáticas como Héroes del Silencio, dentro del efervescente panorama del pop-rock español de los años 80 y 90.

Mauricio, incapaz de gestionar la fama y arrastrando un pasado marcado por el abuso de alcohol y drogas, comienza a perder el control de su vida. El derrumbe es tanto público como privado: un altercado durante un concierto, en el que abandona el escenario de forma abrupta, y la ruptura con su prometida Olga, interpretada por Bruna Cusí. Su único refugio emocional parece ser su hermano Pedro, también músico, encarnado por Marc Rodríguez.

Argentina como punto de fuga

Buscando escapar de su crisis personal, Mauricio emprende un viaje a Argentina, impulsado por su amor por la música folclórica latinoamericana. Su intención inicial es visitar la legendaria casa de Atahualpa Yupanqui en Cerro Colorado, pero el camino, como ocurre a menudo en la vida, lo lleva a otro destino.

De manera orgánica y sin giros forzados, la historia lo conduce hasta las afueras de Santiago del Estero, la ciudad más antigua del país. Allí intenta encontrar a Carlos Carabajal, figura clave del folclore argentino y referente de la chacarera, un género popular menos comercial, basado en ritmos de tambor y guitarras, generalmente bailado en pareja y marcado por compases de 3/4 y 6/8.

El encuentro que lo cambia todo

La fascinación de Mauricio por la chacarera, sus melodías y sus letras cargadas de emoción resulta completamente creíble. El segundo acto de la película se convierte así en una celebración vibrante del mestizaje musical: el cruce entre el espíritu del rock and roll y la forma de entender la música —y la vida— de la familia Carabajal.

Este encuentro no solo redefine a Mauricio como compositor, sino que lo transforma profundamente como persona. Valores como el amor, el humor, la poesía, la solidaridad y la lucha colectiva por los más desfavorecidos comienzan a impregnar cada rincón de su personalidad y marcarán su camino futuro.

Más allá de la ficción

Si los dos primeros actos ya funcionan con fuerza, el tercero representa el verdadero salto de fe de La Estrella Azul. Sin desvelar detalles clave, puede decirse que la película rompe deliberadamente las fronteras entre ficción, no ficción y metaficción. A lo largo del metraje, Macipe va dejando pequeñas pistas de esta fusión narrativa, sutiles pero constantes.

La resolución final, tan arriesgada como conmovedora, deja una huella profunda en el espectador. Su impacto emocional se prolonga incluso después de los créditos, reforzado por un epílogo que convierte la experiencia en algo difícil de olvidar.

Un director y un actor a seguir

Con esta película, Javier Macipe —anteriormente nominado en dos ocasiones a los Premios Goya por sus cortometrajes— se consolida no como una promesa, sino como un cineasta maduro, sensible y seguro de su lenguaje. Nada en La Estrella Azul parece impostado; cada escena se siente como una pieza necesaria para reconstruir la memoria perdida de Mauricio Aznar.

Mención especial merece Pepe Lorente, cuya interpretación destaca por su carisma, honestidad y humanidad. Su Mauricio resulta cercano, frágil y magnético a la vez, convirtiendo al actor en un nombre a tener muy en cuenta dentro del panorama cinematográfico europeo.

Fotografía, música y un guiño final

La dirección de fotografía, compartida por Álvaro Medina y Rui Poças, juega un papel fundamental en la atmósfera del film. El contraste entre la noche densa y casi asfixiante de Zaragoza y la luz abierta del interior argentino, con sus cielos estrellados, refuerza visualmente el viaje interior del protagonista.

Y como detalle final para los más atentos, la película reserva un pequeño cameo sonoro: la voz del reconocido músico español Enrique Bunbury, un guiño que conecta aún más esta historia con la memoria musical colectiva.

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