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Estuve un mes sin azúcares. Lo he hecho, y esto es lo que de verdad ocurre

Mi historia con el azúcar ha sido una novela de amor, pasión y erotismo. Siempre ha estado ahí para consolarme en mis contrariedades, a mano, en todas partes. Me ha ayudado a olvidar a hombres,  superar exámenes suspensos, a calmar los nervios. Nunca había dudado de él. Nunca habíamos discutido. Pero su reputación últimamente está empeorando. Ahora lo llaman droga. Y noto que, pese al placer, la relación entre mi energía y el consumo de azúcares está empeorando.

Así que tomo una decisión drástica. Un mes sin azúcar, porque sí.

Mi perfil es de persona que apenas toma refrescos, no consume chuches, no toma embutidos, no se echa azúcar al té, su mermelada favorita es la de naranjas amargas y su refresco es la tónica. En cambio, es un monstruo de las galletas. Trabaja ante un ordenador. Cuando pasa por periodos de estrés y de contrariedad, come galletas. Eso sí, le encanta el queso.

(Aclaración: cuando digo azúcar, digo azúcar refinado, el blanco, ese que se añade a los alimentos, el moreno, la sacarina, los edulcorantes y todos los que acaban en “osa” que no eran glucosa, fructosa y sacarosa. En mi mes sin azúcares los únicos azúcares que consumí fueron los que vienen naturalmente en la fruta y en la verdura. Nada de dulces, galletas, zumos, refrescos, pasta. El pan, hecho en casa)

Esto es lo que realmente ocurre tras un mes —30 días— sin azúcar. Nada mejor que quien lo ha hecho y lo ha vivido, antes de lo que dicen por ahí.

El primer día se lo digo a todo el mundo, en lo real y en lo virtual. Y comienza el show.

1 Tienes mono. De verdad.

Te das cuenta de lo enganchada que estás a los azúcares, aunque creas que no tomas azúcares por no echarle azúcar al té. “Por el día 7 – 10 lo vas a notar”, dice Xavi en el día 1. En el día 7: “Dale 3 días”, dice Martín. Pues la galera no dura 3 días; dura más de 10. El mono es un mal humor continuado en una capa profunda de tus estados de ánimo, y se manifiesta de una forma que te sorprende: realmente estás irascible. Pero también estás deprimida. Y sientes fatiga. Y no te lo puedes creer. Yo en el día 17 pensaba en galletas todo el tiempo, y quien me chinchaba con el tema me ponía a prueba y podía ponerme triste. El azúcar es algo de lo que es difícil privarse; para mí, y para millones de españoles… Da para pensar un rato.

 

2 Probablemente, te mirarán raro.

Verás que hay gente que en el tema salud solo considera una decisión aprobable sin preguntas cuando la tomas porque te ha obligado el médico o porque tienes alguna enfermedad. Si dices “me lo ha mandado el médico” te dirán “Ah, vale”. Si no, te caerán los “por qué lo haces”, los “qué necesidad tienes de hacerlo”, los “yo eso no lo haría, hay que ser feliz”

 

3 Tendrás que cambiar de vida.

Primero, huyendo de lo que antes era tu placer (yo tuve que esconder las galletas, y esconderme de las galletas). Lo llevarás mejor si tu gente es partícipe, aunque sea de público. En mi caso mi familia uniéndose a mí (al menos, mientras les veía), mis amigos preguntándome qué tal y echándole humor, y en la cantina del trabajo quien te sirve la comida —que sabe que estás en el mes sin azúcares— avisándote de que ese plato que querías comer tiene una salsa que lleva azúcares. Por otro lado, dejarás la timidez y la necesidad de dar explicaciones porque harás fuerza para ser tu primer apoyo.

4 Crearás nuevas formas de gestionar tus sentimientos

La tendencia a consumir azúcares se incrementa cuando uno se siente contrariado, y cuando uno quiere una recompensa. Cosas del cerebro. Durante este mes sin azúcares mi vida continuó, con estrés, contrariedades y mi deseo de comer galletas; es una contrariedad doble sentirse contrariada y no poder resolver la contrariedad como siempre habías hecho. Se habrá acabado el huir: tendrás que abrir tu mente. O al menos, huir para otros lados. En mi caso moverme más, hablar y escribir.

 

5 Sabrás más sobre la alimentación, y tendrás nuevos temas de conversación

Por ejemplo, que la fruta tiene glucosa, fructosa y sacarosa, no solamente fructosa. Sabrás que el pan de molde tiene azúcar, que el azúcar se añade a tantos alimentos como conservante, que comemos más de lo que necesitamos. Es divertido tener otro tema de conversación que lo de siempre. Y para que la gente no salga huyendo porque eres “la que ha dejado el azúcar”, hablaras cada día de un tema diferente.

 

6 Los beneficios que dicen los artículos de internet no se te aplicarán necesariamente. Pero si algo es verdad, es que tendrás más energía que antes. Y habrás crecido en fuerza de voluntad.

“Dejé el azúcar un mes y se me fue el acné”, “Perdí 5 kilos”, «Me ha crecido el pelo»… Nah. Lo que sí es verdad es que cuando tu energía deja de depender de los azúcares, más energía tienes, y más independiente. Además de eso, cuanto menos azúcar comes, menos ganas tienes de comer azúcar. Recuerdo que el quinto día mi amiga comió galletas delante de mí y tuve que taparme los ojos porque me entraba ansiedad. El día 25 comió todas las que quiso y mantuve la dignidad. Quién me lo diría… a mí, al monstruo de las galletas.

Un beneficio extraordinario es que ahora tomo más fruta que antes, he visto que hay vida más allá de tomar algo dulce para tener energía o estar satisfecha. Otro beneficio es que me siento más enérgica y serena a la vez y con mayor autocontrol.

7 Un día, de repente, las manzanas te saben a gloria

Por otro lado, es increíble lo dulce que me sabe la fruta —y la comida en general— ahora, de modo que me pregunto si esa queja cotidiana de que “la fruta de antes tenía más sabor que la de ahora” es por causa de la fruta, o por causa de nuestros paladares atrofiados por tanto azúcar y potenciadores del sabor. Creo que la culpa no es de la fruta.

Conclusión: creo que es uno de los mejores retos de cara a progreso personal que uno puede hacer, además del de dejar las redes sociales por 21 días. ¿Volver al azúcar? Quizá. Esperaré a tener delante mis galletas favoritas.

 

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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