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La lucha dialéctica por el poder: dos ejes estratégicos

Mi objetivo es convencerte de que la comunicación no es tal sin un mínimum de calidad. También de que, por el simple hecho de vivir, tienes que hacerlo. Dos ejes estratégicos:

 

Vencer en el interior: hacia una autorrepresentación de la excelencia

No es lo mismo “decir sin más” que “comunicar con calidad”. Lo primero se refiere a un estadio primario mientras que, lo segundo, a un estadio evolucionado de la representación que los seres humanos somos capaces de proyectar en el mundo. Comunicar es proyectar; si quieres generar un impacto, necesitas tener pasión real por lo que desarrollas. Si estás hablando sobre un tema y no tienes fuego en los ojos, no estás comunicando, solo estás diciendo cosas que en cuestión de segundos van a haber sido olvidadas. Esa referencia a las llamas no tiene nada que ver con ser un personaje absurdamente pasional e incómodo, sino con tener unas motivaciones realmente fuertes detrás avalando tu discurso. La trama mental es el 90% del acto comunicativo: tu propia mente es lo más difícil de superar, de gestionar, de domar. De hecho, es un principio básico de las ventas: no vas a lograr vender a nadie algo que no hayas sido capaz de venderte a ti primero (de una manera o de otra, más consciente o menos).

 

Vencer en el exterior: desde la valentía hasta la lucha en la batalla social de las ideas

La posverdad lo está trastocando todo, y existen las más variopintas interpretaciones acerca de todo lo existente. No obstante, el hecho de que las personas hoy tengan derecho a comunicar libremente sus opiniones no torna a estas automáticamente en hegemónicas. Antes, la dificultad comunicativa estribaba en la carencia de un marco legal de viabilidad; hoy, por su parte, en la competencia voraz generada a partir de la solución de lo anterior. Esto significa que, por muy bien que te gestiones a ti (que es fundamental), tienes que pasar otra prueba como es la de saber posicionar tu mensaje en la realidad física, un contexto puramente devorador marcado por unas pautas clave que no son otras más que las propias de la lucha por el poder, en este caso, discursivo. Es el conflicto dialéctico, la batalla social de las ideas, la búsqueda del dominio cultural de la esfera humana lo que cuenta. En este contexto, existen ideas más fuertes e ideas más débiles en dependencia de su aceptación y legitimación, lo que depende de sus ejes emocionales y metodológicos. No importa lo que ocurra, si tú crees en tu idea y has sido capaz de afrontarla con decisión y de elaborarla con grandes dosis de ilusión y metodología científica, puedes luchar por ponerla en el centro de todas las ecuaciones que puedas. Con ambición; no olvides nunca que la no-comunicación solo obedece a una cosa: el miedo (disfrazado con diversísimas capas).

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Filósofo emprendedor. Trabajo por un mundo libre, justo y responsable. Además, creo en el respeto y en la victoria profunda del valor sobre el miedo. No me importa lo más mínimo todo aquello que no tenga que ver con el progreso.

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