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La gestión estratégica del intelecto: dos claves técnicas

No cedas. No caigas. No bajes la guardia. Ni por un momento. Replantea tu estrategia. Optimiza tu mente. Incrementa tu concentración. Potencia tu voluntad. Sigue trabajando. Las mayorías de los porcentajes de cosas de las que está compuesta la realidad exterior a tu propia mente conspiran contra ella para hacerla ceder poco a poco, a sangre fría: multitud de estímulos pretenderán hacerte imaginar que eres tú quien está equivocado/a, y eso formará una idea a la que no podrás ganar si no estás puesto al día en cómo gestionar estratégicamente tu mente.

Nos entendemos: una idea es una especie de microorganismo abstracto capaz de modelar una conducta. Si manejamos las ideas, así pues, manejaremos nuestra conducta y, si manejamos nuestra conducta, podremos ser quienes queramos en esta vida, cuyo núcleo se encuentra entre el nacer y el morir. ¿Estamos de acuerdo en esto? Para que las ideas trabajen, “solo” necesitamos dos cosas: crearlas y creerlas. Si no creamos una idea, esta no puede ir hacia ningún lado (no existe). Si no creemos en ella, tampoco (no opera). Para crear una idea necesitamos conocimiento y, para creer en ella, esfuerzo. Aquí un par de claves técnicas:

 

  1. Sin inteligencia, las ideas no nacen.

El intelecto humano nace y crece con la dotación de significado a los estímulos que los receptores sensoriales consideran (o no) importantes para la supervivencia. Esto es gracias a la facultad de la atención, un garante innato de nuestra seguridad. Ese intelecto, así pues, no está aislado, siempre interpreta información. No existe si no hay actividad, pero siempre hay actividad porque habitamos un mundo que contiene peligros, de una u otra forma, y lo sabemos. Así pues, una idea no nace ex nihilo, es decir, desde la nada, dado que siempre cuenta con un sustrato externo previo que condiciona, a partir de ahí, a las demás ideas desde dentro. Simplemente, una idea nunca se crea sola, pero sí que se crea a partir de lo que decidamos interpretar de algo. Nuestro enfoque determina nuestra realidad y, nuestra realidad, nuestra capacidad de actuar con solvencia o no.

 

2. Sin esfuerzo, las ideas no valen.

Construimos constantemente ideas para entendernos con el mundo. Son necesidades biológicas para la supervivencia, y por eso no las elegimos: son como los movimientos involuntarios del corazón. Intenta parar a tu corazón. No puedes, ¿verdad? Ahora nos entendemos. No obstante, unas ideas son más productivas que otras en la medida en que nos acercan a ser quienes queremos ser. Creer en las ideas que nos acercan a nosotros se deriva de haberlas construido de acuerdo con un enfoque completamente decidido, por eso crear bien es importante. Una cosa está ligada a la otra. Lo siguiente es saber que creer en nuestras ideas depende de cuánto modifiquemos nuestros constantes bocetos cognitivos. Así pues, cuanto más capaces somos de pensar, también lo somos de ser.

Trabajar estratégicamente a nivel mental significa saber qué ideas hacer existir y, dentro de ellas, con cuáles operar para conseguir unas cosas u otras. Eres capaz de confiar en ti mismo/a y en tu proyecto, solo tienes que saber cómo hacerlo cada vez mejor. La palabra “imposible” no tiene significado aquí.


 

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Filósofo emprendedor. Trabajo por un mundo libre, justo y responsable. Además, creo en el respeto y en la victoria profunda del valor sobre el miedo. No me importa lo más mínimo todo aquello que no tenga que ver con el progreso.

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