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Decir «no» en un mundo que te obliga a decir «sí»

Los artículos de internet insisten en exponer las bondades de «saber decir ‘no'» —o decir las cosas a la cara. Como dicen los ingenieros de Caminos, «el papel lo aguanta todo». O en este caso, el texto. A la hora de la verdad, la gente vive vidas no tan simples. Sí, a todos nos gustaría poder ser sinceros, poder decir las cosas tal y como son, a la cara. Poder confrontarnos con el temple de las películas. En un mundo ideal, en el que todas las personas estuvieran mentalmente sanas.

Mentalmente sanas. He ahí la cuestión. Porque más de una mujer ha perdido la vida tras decirle a su pareja (hombre) que ya no quiere estar con él —ella o sus hijos, o ha sufrido acoso durante meses y ha tenido que ir al juez y lograr una orden de alejamiento—. Por no hablar de los empleados que han perdido su puesto por decir no a trabajar horas extra. Ruptura misteriosa del periodo de prueba. Pongo este último ejemplo para dar más énfasis: estar en desacuerdo con alguien puede también ser motivo suficiente para que te bloqueen en Twitter, te echen de un partido político o te pongan en una lista negra. De modo que es legítimo plantearse hasta qué punto hay libertad para decir «no».

La libertad aquí termina cuando comienzan las represalias de quien recibe un «no» y no lo sabe encajar. Y ahí hay un problema. Necesitamos hablar honestamente de esto.

Hay personas que necesitan practicar aceptar un no por respuesta. Manipular, rechazar, desprestigiar o desafiar a otros cuando dicen no es lo que lleva a que la gente diga con resentimiento —esto por desgracia se da mucho en los juegos de poder entre hombres y mujeres—. Si el deseo son relaciones más verdaderas, necesitamos fomentar la libertad de decir no. Es sano. Es verdad que la mayoría de la gente no lleva bien que les digan que no, y aún así muchos lo han superado. Por eso, si hoy nos sorprendemos al ver que mucha gente tiene dificultades diciendo no, eso es una invitación a mirar hacia dentro. Quizá somos parte del problema.

Padres que fuerzan a sus hijos, hombres que insultan a mujeres que las rechazan, jefes que amenazan con el despido a la mínima. Quizá ahí esté el problema. La gente que ha tenido problemas para ejercer la  asertividad  en la edad adulta seguirá haciendo el trabajo interno para poner límites, sí. Sin embargo, este trabajo avanza mejor cuando también se asume responsabilidad por otro lado.

Dejemos de forzar síes. Respetemos los límites. 

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Mentoring Audaz es el podcast de quienes se inspiran en un liderazgo con clase y valores, para esta y la próxima generación. Escúchalo aquí: deve.es/podcast

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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