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Cómo lidiar con la incertidumbre.

Todo se desmorona. Pero algo se podrá hacer.

“No soy la única persona que ha sido tocada por esta pandemia”, respondía en un tono sorprendentemente calmado, aunque traicionado por los fuertes latidos en su pecho. Otros millones de personas habían escuchado lo mismo en todo el mundo, y todas habían sentido algo parecido. A todas en algún momento les habría saltado la alarma de relativizar, no por nada, sino como mecanismo de defensa: “Peor es un duelo sin despedida. Peor sería haber acabado en el hospital. Al menos no he roto con mi pareja (aunque puedo romper ahora)”

Al otro lado de la llamada telefónica estaba la persona que le había señalado la puerta de salida. Más bien la había abierto y ahora le decía “Vamos, sal” —esa era actualmente la única utilidad de su poder—. Como razones, un porqué expresado, un porqué entendido, y un porqué oficial, a elegir según conveniencia; aunque la convulsión de los últimos meses hacía que el porqué elegido fuera el oficial, y no se pensara más. Es más fácil cuando hay un enemigo al que culpar. Además, ya había mucho en la cabeza. Demasiado.

Salir a dónde. A la barbarie.

Hay una diferencia entre ser un barco a la deriva y ser el Titanic. También puedes ser una combinación de los dos, pero las formas de lidiar con la incertidumbre dependen de cómo se ve uno. La pandemia mundial está alrededor, y parece que sus efectos van a durar bastante: en la economía, en el empleo, en las finanzas, en las relaciones, en la salud y —hay que decirlo—, en la salud mental.

Como seres humanos necesitamos seguridad. Queremos sentirnos seguros, con control sobre nuestra vida, nuestro bienestar. Pero el miedo y la ansiedad de épocas así pueden dejarnos con estrés, con ansiedad e impotentes sobre la dirección de nuestra vida. Todos tenemos diferentes niveles de tolerancia a la incertidumbre (o riesgo), pero incluso los amantes de la adrenalina tienen un límite. Por eso conviene una amable llamada de atención al respeto y al autoanálisis; quizá este periodo pueda servir de más aprendizajes de los que se cree… hasta para quienes hayan estado más a salvo en esta pandemia y no quieran ser una carga para quienes están objetivamente peor que ellos.

Aprender a lidiar con la incertidumbre

Hay gente que quiere combatir la incertidumbre, combatir la ansiedad, como los que en 2019 buscaban combatir y vencer al algoritmo de Instagram. No se trata de pelear esta vez. Hay gente que se preocupa como mecanismo de defensa. Preocuparse, pensar y repensar da una ligera sensación de estarse ocupando del tema. Esta tampoco es la solución. Hay maneras más sanas de lidiar con la incertidumbre.

Actuar sobre las cosas que sí puedes controlar

Aceptar una situación, aunque no lo parezca, no te deja completamente impotente.  Puedes procurar reconcentrarte en lo que puedes hacer, por eso, por favor, trátate con respeto y cuida tu lenguaje. Es más verdadero decir: «Me siento impotente» que decir: «Es que no puedo hacer nada». “Vale, me ha pasado esto, a ver qué hago”, es el enfoque. Si te han pasado varias cosas a la vez y te ha podido el desánimo, necesitas más que nunca dejarte arropar y ayudar por las personas que han demostrado que te quieren. Quien bien te quiere te respetará, pero también te dará un pellizco para que no te quedes ahí, sin moverte, si ve en ti que sí puedes.

Tu relación con tus emociones. Con la confianza, concretamente

Los momentos de incertidumbre son puntos de inflexión. Es fácil que la autoestima se estremezca, que uno se bloquee, y verlo todo nublado. Puedes pensar que poner cara de póquer, forzarte a pensar en positivo o suprimir tus lágrimas puede ser lo que te ayude a superar este trance. Pero eso únicamente incrementará incontrolablemente tu estrés y tu ansiedad. Y tu cuerpo podrá notarlo.

Escúchate hablar de lo que sientes, y el por qué. O léete. O deja que te escuchen personas de confianza y competentes para escucharte y ayudarte a ganar objetividad.

(¿Quieres caer mejor? Deja de interrumpir)

¿Necesitas tenerlo todo bajo control ahora?

Hay personas a las que sus padres han enseñado a no confiar en nada ni en nadie —hablaré del tema otro día—. Y ahora se encuentren más perdidos que nunca: bien sea buscando reafirmación por todos lados, buscando cambiar el comportamiento de otros para que les sea más previsible, llamando sin parar a familia y amigos, o pensando obsesivamente en los peores escenarios. O criticando todo y a todos. 

¿Aunque por qué no pensar un poco? La incertidumbre puede enseñarte a adaptarte, a superar obstáculos, incrementar tu resiliencia, abrirte puertas, dejar prejuicios atrás. ¿Sueles asumir que tu peor hipótesis es la que va a producirse siempre que estás lidiando con una incertidumbre? ¿Por qué no quitarle hierro a los asuntos? ¿Necesitas, realmente, realmente, tenerlo todo asegurado? Cuestionando tu relación con la incertidumbre podrás comenzar a abandonar comportamientos no rentables, reducir tu estrés y liberar tiempo y energía para cosas más prácticas.


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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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