Inicio Estrategia ¿Por qué nos cuesta tanto a veces decir “te quiero”?

¿Por qué nos cuesta tanto a veces decir “te quiero”?

Algo que me ocurría era que no expresaba sentimientos, emociones o estados de ánimo por miedo a lo que pensaran de mí.

Soy de una generación que, gracias a todo el esfuerzo de mis padres, he tenido al alcance estudios, comida, ropa, techo, he aprendido a ser independiente, a tomar mis decisiones; pero he tenido que andar un camino incierto en cuanto a las emociones por mí misma.

Recuerdo que abrazar a mi madre era abrazar a un tronco. Lleno de vida y sabiduría, pero inmóvil. Durante mucho tiempo esto me frustraba y me hacía enfadar con ella. Sentía rechazo.

Un día me paré a ver cómo era la relación de mi abuela con mi madre, a tomar perspectiva para ver el mapa más completo. A ella le pasaba algo similar, pero en otro escalón.

Fue entonces cuando comprendí, que mi madre es también hija, y que a ella tampoco le enseñaron a transmitir emociones, pues tras una guerra civil, la jerarquía del aprendizaje a transmitir era otra. Y el amor familiar se daba por supuesto, sin más.

Ese contraste de generaciones ha hecho que yo pueda permitirme el lujo de pararme en el sentir, en las emociones y me hizo tomar una decisión. Decidí que el abrazo que le daría a mi madre a partir de entonces sería tan largo como fuera necesario para que ella me sintiera y se permitiera lo que tanto tiene dentro incondicionalmente: amor. Sentí como poco a poco sus músculos se relajaban, y sus brazos por fin me arropaban con plena conciencia.

Hablábamos lenguajes diferentes, y durante un tiempo esperaba que mis padres me enseñaran ese lenguaje también, pero a ellos no se lo habían enseñado.

Me permití decirles te quiero cada vez que los veía y lo sentía, sin necesidad de un motivo u ocasión, abrazarles largo y acunado. Poco a poco ellos aprendieron a decírmelo a mí sin vergüenza, con naturalidad, como es el amor.

Como hij@s, también podemos devolver a los padres el aprendizaje que, gracias a ellos, hemos podido sumar.

Desde entonces puedo hablar más libremente de emociones y estados de ánimo con mis padres y ellos se lo permiten también.

Ahora siento menos juicio al compartir o respetar mis emociones, porque tengo el reflejo, sabiduría y conciencia de que mis padres también sienten, Y como yo, son hijos que siguen aprendiendo.

Artículo anteriorGlory Meyers: “Tienes que seguir lo que realmente te llena, aunque creas que no vas a tener suerte”
Artículo siguientePautas para una comunicación asertiva
Gracias a mis estudios de Empresariales, mas de 15 años trabajando de actriz y varios estudios paralelos como Medicina Tradicional China y un Master de Coaching Sistémico Internacional, empecé a combinar la sabiduría occidental y la asiática para conocerme y re-conocerme. Ahora acompaño a la integración de las personas para trabajar la inteligencia emocional, liderazgo, gestión de estrés, comunicación eficaz y la gestión de conflictos a través del autoconocimiento integrado.

¿Qué opinas? Hablemos.