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Lo que no te cuentan sobre buscar pareja por internet

Una de las asignaturas pendientes de casi cualquier generación ante el uso creciente de las redes sociales es la de aprender a distinguir la esfera pública de la privada y de la íntima. Cada vez es más frecuente que el medio en el que se den los primeros encuentros entre desconocidos sea el virtual. Como nadie nace sabiendo, aquí te cuento lo que no suele decirse sobre buscar pareja por internet. Sí, y también sus posibles riesgos para que los evalúes y te protejas en consecuencia.

 

Ahora que eres uno de los escogidos, siéntate. Lo que vas a leer es un texto con datos basados en hechos y para el que he preferido prescindir de la mención a las estadísticas. Tiene una base de conocimiento propio y experiencia personal, está aderezado con un poco de mi cosmovisión, empaquetado entre sesgos tan humanos como distorsionadores y, finalmente, envuelto en un fino lazo de encaje de humor sensato. Espero que lo disfrutes. Como no pretendo sentar cátedra, ante cualquier duda o discrepancia que surja, siempre puedes dirigirte a ese farmacéutico al que no le hayas consultado nada en los últimos años, dar un paseo con tu perro o con el de cualquier amigo, o leer un buen libro.

Prácticamente desde la primera página de nuestra historia como especie, de nuestra primera hoguera en grupo, está todo inventado. Seré rigurosa, que el tema lo requiere: el sapiens-sapiens no deja de inventar y de superar retos con el fin de adaptarse al medio y sobrevivir, para lo que está la reproducción como medio al servicio del que se encuentran otros mecanismos que nos conducen a tal fin: hormonas, condicionamientos, rituales y un largo etcétera. Si todavía no te has dado cuenta de que para que sigamos vivos como especie hay que aparearse y tener hijos, a lo mejor este texto llega un poco tarde. Naturalmente, nos las hemos ingeniado para controlar la natalidad en las áreas del mundo en las que disfrutamos del progreso, pero, a grandes rasgos, no podemos decir que la maternidad sea una decisión racional, consciente y voluntaria en términos de normalidad (estadística) para nuestra especie. Tampoco para las otras.

Sucede que, mientras algunas personas discuten conceptos elevados —no entraré en valoraciones sobre lo necesario de sus propuestas— sobre constructos sociales que se le escapan al común de los mortales, la mayoría de primates parlanchines sigue la norma biológica: se reproduce. La vida se abre camino entre tanta palabrería. Y ahora, encima, ligamos por internet. Es decir, que en entre identidades fluidas de papeles desdibujados, una sociedad con menos tiempo para la familia y alguna fantasía de jerga postmoderna cisheteropatriarcal, se han colado muchas plataformas que han detectado un potente nicho de mercado con clientes dispuestos a invertir en la ardua tarea de encontrar pareja por Internet en los tiempos que corren. ¿Cómo te quedas? Mejor estar preparado, ¿verdad?

Vivimos en la era digital de las telecomunicaciones en la que el tiempo es un bien escaso. Tener la sensación de dominarlo desde una pantalla resulta tentador. Aplicando una serie de filtros o, incluso aceptando y rechazando solicitudes, creemos tener el control. Sin embargo, no deja de ser una ilusión, que, bien empleada, puede ayudarnos a encauzar nuestra búsqueda, pero siempre sabiendo que, en última instancia, la voluntad de los demás no se plegará a nuestros deseos, ni podremos controlar todo según lo hayamos planeado. Si ves que la persona que tienes delante de ti en la oficina no lleva un desplegable de opciones para que tú elijas la personalidad que más te gusta, la ropa que mejor le sienta, el peinado con el que quieres verla y las palabras con las que va a dirigirse a ti, bienvenido al mundo 0.0.

Las redes presentan muchas ventajas además de la de filtrar la búsqueda o seleccionar a un posible candidato en función de nuestras afinidades: nos permite salir de nuestro entorno y conocer a personas con las que no habríamos dado de otra manera. Ya te habrás imaginado que esto también entraña cierto peligro. Aunque no siempre baste con estar alerta, nos ofrecen la oportunidad de crecer como personas y de crear una nueva identidad, —tanto para lo positivo como para lo negativo. Verás en las redes perfiles no resueltos que parecen querer pareja cuando, en realidad, van en busca de sí mismos y, al encontrarse con los demás, se les plantean nuevos interrogantes que pretendían resolver intentando buscar pareja. También podemos ser nosotros uno de los buscadores o tan solo querer divertirnos. Si se puede, siempre con la verdad por delante.

Calma, todo esto requiere tiempo. Para saber lo que queremos hay que saber hacerse las preguntas adecuadas. No hace falta que sean todas a la vez, ni en la misma fase. Aquí van algunas ideas:

  • ¿Qué busco?
  • ¿Cuánto deseo mi objetivo?
  • ¿Qué estoy dispuesto a ofrecer?
  • ¿Cuáles son mis defectos y mis virtudes?
  • ¿De cuánto tiempo dispongo para mi pareja (en caso de que la encuentre)?
  • ¿En qué estoy dispuesto a ceder para conseguir mis objetivos?
  • ¿Qué puede ofrecerme la otra persona?
  • ¿Por qué está soltera la otra persona? ¿Por qué lo estoy yo?
  • ¿Qué dificultades tendríamos en la relación?

Llegados a este punto, podríamos argumentar que en el momento en el que dos personas se ven físicamente y pasan de la pantalla a la piel, deja de existir la dimensión virtual. Sí y no. Pareciera que pudiéramos cortar por una línea de puntos y aplicar el mismo criterio que en las relaciones analógicas tradicionales. No obstante, yo sostengo que hay una diferencia sustancial: ambas partes saben que buscan pareja y no es una cuestión baladí. Me explico: decía Cortázar en Rayuela aquello de que «andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos» y creo que es la gran verdad presente en nuestra memoria filogenética, en nuestro instinto, pero que queda tácita durante los primeros años de vida fértil. Y andan los adolescentes cortejándose, buscándose sin encontrarse, a veces encontrando parejas más o menos aptas, ellas haciéndose las duras, ellos insistiendo, pero, sabiendo, que si por instinto y condiciones uno tiende a ser depredador y otro a ser presa, a la parte vulnerable no le conviene desvelar su posición de búsqueda o estará en clara desventaja, lo que la hará menos atractiva frente a otras opciones —competimos por una descendencia más apta con el más apto— y podrá convertirla en un juguete roto. No te pongas triste, que a negociar una buena pareja también se aprende. Solo tenlo en cuenta.

Otro de los factores que no debemos olvidar son los códigos, los CÓDIGOS. Si no estás familiarizado con las plataformas que usas, pregunta en tu entorno para saber qué se espera de ti en esa red y qué es lo habitual encontrarse. Imagínate, por poner un ejemplo absurdo, que fueras a bailar danza clásica a una discoteca donde la música que predomina fuera salsa, bachata y otros ritmos latinos. Lo más probable es que te llevaras una decepción o que te sintieras fuera de lugar. Recuerda informarte bien antes de responsabilizar a los demás por estar bailando alegremente salsa en lugar de llevar tutú como a ti te hubiera gustado.

Hablando de disfraces, pareciera que no hubiera casi nada que añadir, aparte del hecho de que sí que hay gente que miente por Internet: que nosotros no lo hagamos no convierte a todos los demás en criaturas angelicales y viceversa. En general, tendemos a cooperar. Es verdad que en persona también ocultamos la verdad, pero tenemos más formas de comprobarlo, solemos conocer a gente en común, vivir en una zona cercana, trabajar en la misma empresa… No se trata de pasar cinco años con los preparadores de Obama en comunicación no verbal, sino de cultivar ciertas habilidades y ser cautos, observar, hacer preguntas, anotar cualquier comportamiento sospechoso y no precipitarnos en nuestros movimientos.

Un último apunte para terminar: con las redes, se multiplican las opciones y la oferta con la que nos encontramos. Un perfil que debemos evitar en la medida de lo posible son los maximizadores. Nunca tendrán suficiente, siempre aspirarán a algo mejor, a probar un restaurante más caro, una nueva cita con alguien que sea más inteligente y más atractivo, y jamás se darán por satisfechos. Si te los encuentras, los dejas en su sitio, que son venenosos.

Como ves, para esto no hay prospecto, cada cual conoce su composición y debería investigar sobre los posibles efectos secundarios de según qué relaciones. Con o sin aplicaciones de Internet, las personas seguimos necesitándonos unas a otras. Para todo lo demás, recuerda conocerte bien, hablar antes con un buen amigo, consultarle algo a ese farmacéutico al que tengas olvidado (él no lo haría) y no dejes de observar con cabeza y tiempo. Si no, ya sabes, las redes también atrapan.


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Soy traductora de formación y profesora por vocación, además de mediadora, cuentista, amante de los idiomas y del teatro. Desde 2009, año de mi regreso a España, me dedico a la docencia universitaria y a la investigación en Traducción, Comunicación y Literatura. Estoy en Dévé para aportar mi granito de arena en este innovador proyecto.

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