Inicio Estilo de Vida “John Ford” por Peter Bogdanovich.

“John Ford” por Peter Bogdanovich.

(Hatari Books, España 2018, basada en la 2ª Edición 1978)

La edición hecha por Hatari Books de un libro inédito en España en 2018, como es la segunda edición de 1978, revisada y ampliada respecto a la primera de 1966 del realizador americano de origen serbio Peter Bogdanovich, sobre la figura del que muchos aún llaman el mejor director de cine de todos los tiempos, es toda una oportunidad para acercarse a la figura del genial director irlandés, y a su personalidad magnética, inabarcable y llena de genial ironía y humor, tan bien captado por el entonces joven Bogdanovich.


Homérica. Sólo así puede calificarse la obra de John Ford.

Y que el resumen que, con este adjetivo, utilizado en esa obra maestra del cine que es “El hombre tranquilo” (The Quiet Man, 1952) con gran efecto humorístico, lo pueda hacer aquel inolvidable borrachín irlandés Michaele en O’Flynn, personaje interpretado por Barry Fitzgerald, tiene todo su sentido.

Sobre todo, cuando se descubre que el mayor testamento del cine de Ford, imperecedero en sus mayores aciertos, es que la vida se ha filtrado de manera milagrosa y única en el celuloide que filmó, y nos vuelve a visitar cargada de las mismas emociones que la primera vez que lo contemplamos, una vez lo volvemos a visionar. Y que esta regla se cumple de forma tajante, no importando la cantidad de ocasiones que lo hagamos.

Pero hoy no hablamos estrictamente del conjunto de la obra “fordiana”, tan extensa que no se puede abarcar en un artículo, sino del libro de Bogdanovich, mitad reportaje y mitad biografía encubierta, que con tanto primor y cariño ha querido publicar en España la editorial Hatari Books, como una gran carta de presentación de su futuro catálogo, junto con otra publicación sobre Somerset Maugham.

El secreto de este entusiasmo en su edición es que detrás de Hatari están, claro, los dos mayores admiradores de Ford en España, José Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce, que a falta de espacios en la televisión actual como aquel magnífico “Qué grande es el cine”, con sus emisiones de grandes películas y sus inacabables, densos y detallistas debates posteriores, nos deleitan con libros como este: 278 páginas, encuadernadas en tapa dura, con un papel de gran calidad, y excelente impresión con cuidado acabado, repleto de numeroso material gráfico inédito, que gracias a ello y a su estupendo contenido se nos pasan en un suspiro.

Contextualicemos. En 1963, Bogdanovich, entonces un joven crítico y articulista en la revista “Esquire”, aunque profundo cinéfilo desde su niñez, ya era seguidor de Ford, al igual que de Howard Hawks. Su encuentro, con objeto de realizar un artículo en el mítico Monument Valley (lugar mítico de filmación del oeste fordiano) sobre el rodaje de “El gran combate”(Cheyenne Autumn, 1964), autorizado por la productora del film Warner Bros., transforma esa veneración en algo aún mayor.

Comenzará una amistad, que no será comparable a la profunda y más continuada que Bogdanovich va a mantener con otro genio del cine como Orson Welles, pero que dará sus frutos en esta publicación y en un documental firmado por él sobre Ford en 1971.

La nota de entrada a esta edición española está hecha por el propio autor. Ésta y su introducción nos preparan para cuatro capítulos, que se nos hacen cortos por su precisión y humor, al estar cargados de anécdotas reales, trágicas y cómicas, además de los sagaces e irónicos comentarios de Ford. Como complemento y gran colofón, el libro nos llama a recorrer una filmografía final integral, que incluye también aquellos títulos que después de su última película para la gran pantalla, “Siete Mujeres”(7 Women, 1966), por desgracia, no pudieron salir adelante en sus restantes siete años de vida.

Por el libro desfilan las variadas familias fordianas; tanto la real, con su hermano Francis, dramaturgo, o su mujer Mary y su hija Barbara, como la de ficción, compuesta por una “troupe” de actores habituales y amigos, como John Wayne, Victor McLaglen, Ward Bond, Maureen O’Hara, o de guionistas como Dudley Nichols, Nunnaly Johnson, Philip Dunne, Willis Golbeck y James Warner Bellah o Frank S. Nugent, junto con otros profesionales del cinematógrafo…sin los cuales su trabajo y resultados no se pueden llegar a entender de modo completo.

Está aquí contenido cómo John (o Jack) Ford comienza como ese asistente o director artesano, eso sí, siempre solvente y con gran capacidad visual o para la acción, desde sus inicios en el negocio del cinematógrafo, unido a la productora Fox, con incontables películas mudas del Oeste americano, junto a acorres y especialistas como Harry Carey o Tom Mix, y contando con las historias y el asesoramiento de figuras reales de aquel agreste entorno, como el famoso sheriff Wyatt Earp.

Y también, cómo Ford se termina convirtiendo en una auténtica leyenda del western, primero, y luego del drama y la comedia, de la que su figura de ojo con parche, sombrero perenne, y dotada de un carácter irritable y a la vez fascinante, será venerada por directores tan distintos como Orson Welles, todos los integrantes de la “nouvelle vague” francesa casi por completo, o entre los más contemporáneos, a Steven Spielberg (vean de nuevo, “E.T. “o “Salvar al Soldado Ryan”, entre otras, si no se fían de este cronista), tal y como dejan traslucir en sus películas a través de homenajes estilísticos y visuales, explícitos e implícitos, todo ellos herencia de la forma de filmar del ojo bueno del irlandés.

Extraordinaria e imperdible, pues, esta oportunidad de conocer un poco más al hombre cuyo oficio de cine y su forma de transformar este lenguaje, le hacen ser percibido como poeta y comediante eterno de nuestras pantallas.

Entre otras muchas historias, por señalar sólo una, también recoge aquella sobre la defensa ejercida en favor de un compañero director inglés, el célebre Joseph L. Mankiewicz, ante el poderoso Sindicato de Directores de Hollywood, en la época de la caza de brujas en Hollywood y que dará pie a su más famosa, cierta y a la vez inexacta frase de autodefinición: My names John Ford. I Make Westerns. Como antes y como siempre: Print the legend!.

Háganse con él y léanlo de inmediato. Y disfruten, de verdad, con la leyenda impresa, aunque cómo él ya sabía, no se corresponda totalmente con los hechos.

 

 

A FAVOR:

  • Intentar encajar un poco más al autor de obras maestras tan dispares como sus “westerns”(“La diligencia”(Stagecoach, 1939), “Centauros del desierto”(The Searchers, 1956), “El hombre que mató a Liberty Valance”(The man who shot Liberty Valance, 1962),entre los ejemplos más rutilantes), sus grandes dramas de inspiración en la Gran Depresión (“Las uvas de la ira”(The grapes of wrath, 1940), o en la pobreza de los mineros galeses (“Qué verde era mi valle”(How green was my valley, 1941), o la simplemente incomparable “El hombre tránquilo”(The Quiet Man, 1952), con ese Innisfree irlandés, como pueblo utópico y fantástico, a la vez que se relatan su propia historia personal y vivencias.
  • Encontrar rarezas de su filmografía, como Young Cassidy, compartiendo créditos de dirección con Jack Cardiff, en 1965, o que, entre los proyectos no realizados al final de su vida, hubiera obras potencialmente muy interesantes, como un guion (The miracle of Merriford) ambientado en la segunda guerra mundial, narrando la convivencia de una pequeña población inglesa y los soldados del ejercito americano, u otro también de tono bélico aún más épico (Valley Forge).
  • Los comentarios sin pelos en la lengua, del propio Ford respecto a algunos de sus títulos filmados, calificándolos de alimenticios, o en cambio, como algunas de sus obras menores, como “El último hurra”(The Last Hurrah, 1958) estaban bajo su consideración personal, entre lo mejor de lo que había hecho.

EN CONTRA:

  • Casi nada, quizáquées un libro sobre cine, por y para gente que ama al cine, pues, aunque sea perfectamente disfrutable para el público no cinéfilo, gana añadiendo este otro nivel de afición y comprensión sobre la materia

 

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Ingeniero civil. Ahora trabajo sobre caminos de hierro, pero el resto del tiempo busco tender puentes con otros ámbitos y profesiones, además de transitar por sendas culturales y de ocio. Mi lema es que siempre hay nuevas formas y tiempo para aprender, y también para enseñar.

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