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Terrazas para el otoño gato

A pesar de que últimamente no se cumpla a rajatabla la relación (¿lógica?) que debe existir entre temperatura y estación del año, naciendo incluso de ello términos como “veroño”, el cambio de temporada es una explosión emocional.

 

A los hechos me remito: Madrid, finales de octubre, 17:12 horas, 24 °C con un sol espléndido, camiseta y calcetines. Al final, sí que va existir el cambio climático.

El caso es que afecta. A algunos para bien, a muchos para mal, pero el carácter se ve trastocado, las horas de luz se reducen considerablemente y con ellas, parece que las opciones para salir también.

Pues no, nada de eso, y menos en la capital de los gatos, un lugar donde hay un plan hecho a medida de cada uno, “maúlles” o no. Un plan 24/7. La caída de la hoja, los amarillos y ocres invadiendo las aceras, ese rayo de Lorenzo en medio de un día gris capaz de calentar y apaciguar, o empezar a ponerte ropa cálida resulta delicioso. Solo tienes que ver su parte bonita.

Eso de resguardarte en casa en los días de frío y/o lluvia quedaron atrás. Ahora resulta igual de agradable salir para estar con amigos o quien tú quieras en los meses de otoño e invierno, y todo gracias a alguien, un (casi) visionario, con un concepto muy certero sobre cómo ganar adeptos a su local. Terrazas en otoño ha habido siempre, más o menos, pero de unos años para atrás, locales destinados antes para otros menesteres, han ido creando un clima cálido, con carisma y con una decoración que invitan a quedarse durante largas horas con la mejor compañía y música.

Si tuviera que elegir una de las muchas terrazas para el frío que hay en la ciudad, estaría en un apuro, sobre todo sabiendo que hay algunas maravillosas que aún no he visitado. Por eso, todo es pasear sin rumbo fijo e irte encontrando con verdaderas joyitas de la hostelería.

Fue más o menos lo que me pasó con una de las que, considero, tienen encanto. El barrio de Malasaña está repleto de deliciosos lugares con espíritu propio, como un curioso espacio ubicado en una de las esquinas de la calle Limón, con una pequeña y coqueta terracita, de luz tenue y plantas por doquier. Perfecto para encontrar un momento íntimo.

Las azoteas están de suerte, porque ahora se les saca el máximo partido para crear un bar. Más cerca del oso más famoso de la ciudad, hay dos o tres para “perder el gusto” (expresión muy de mi madre). Situada en la plaza de la Luna es una delicia. Cosmopolita y con detalles cuidados que decoran su entorno, es centro de reunión de jóvenes con ganas de beberse Madrid. Vistas geniales que contrastan la modernidad del lugar con los tejados de edificios que han visto demasiado.

Muy cerca, en la última planta de una conocida firma, hay toda una planta con diferentes corners de restauración, en los que puedes pedir la bebida y algo de picar, hay infinidad de exquisiteces gourmet, para salirte a la zona exterior. Las vistas panorámicas casi al completo de la Gran Vía son alucinantes. Es una sensación genial poder estar tranquilamente allí con amigos divisando una de las avenidas más famosas del mundo.

Continuando la calle, en la transitada calle de la Montera pasa desapercibido una de las más especiales que he visitado últimamente. Entrando en una tienda y accediendo al último piso, hay un paraíso verde, con pequeñas mesas que invitan a pasar “largos vermuts” allí. Puedes comer algo mientras te dejas llevar por el agradable entorno que te transporta a un lugar muy alejado. Tú decides cuál.

Perfecto para un día soleado (que los hay) que te apetezca tocar el auténtico cielo de Madrid, en la cantada calle de Alcalá existe uno de los “chiringuitos” más maravillosos que esconde la urbe. Aprovecha la visita al histórico Círculo de Bellas Artes para empaparte de las continuas exposiciones que hay incluso en la propia terraza, mientras disfrutas de un aperitivo diferente admirando los enigmáticos y fascinantes edificios y esculturas que se pueden apreciar gracias a (esta vez sí) la megapnorámica que tendrás.

Para todo el que venga de fuera y para los que no, el kilómetro 0 seguirá siendo un punto recurrente donde quedar con tu gente. Tan solo tienes que cruzar para acceder a la parte más alta del edificio que hace esquina con la famosa calle Preciados. Allí arriba, frente al reloj de la Puerta del Sol y junto al cartel más conocido y trasladado, más conocido como Tío Pepe, podrás tomarte un apetecible refrigerio, bajo las cálidas estufas que rodean el lugar. Simplemente, sublime.

Hay decenas de terrazas que los gatos muestran orgullosos a todo el que quiera acceder a ellas. Solo hay que perderse por las calles y no tener reparo en entrar en una tienda de ropa o un edificio familiar, porque allí puede esperarte el espacio más apetecible que imagines para una perfecta y lluviosa tarde de otoño.

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Extremeña de nacimiento y madrileña de adopción. Llego a Dévé para dar un enfoque práctico de los lugares con más carisma de la capital y hablar sobre diferentes asuntos que atañen al estilo de vida en su amplio significado (libros, música, arte...). Me encanta poder dedicarme a mi pasión y poder demostrar que el periodismo aún no está muerto.

1 COMENTARIO

  1. Un artículo «de perder el gusto» … Paz, pones tanta pasión en todo lo que escribes, que cualquier plan que propones resulta tentador. Bravo!!

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