Home Cine Perlas del 68º Festival de San Sebastián. Tesoros ajenos a descubrir

Perlas del 68º Festival de San Sebastián. Tesoros ajenos a descubrir

Esta semana repaso la sección “Perlak” del Festival de San Sebastián, que recuperó buena parte de los títulos más destacados de los certámenes que se pudieron celebrar de forma anterior en este año atípico, entre ellos los internacionales de máxima categoría como Toronto, la Berlinale, la Mostra de Venecia y otros como el americano independiente de Sundance. Estas películas no han llegado, salvo contadas excepciones, a las salas españolas, y vista la evolución de la pandemia, todavía tardarán meses en hacerlo. Aquí elijo una selección de lo mejor para que tú, lector, puedas elegir bien cuando estén disponibles en pantalla o en régimen de streaming en plataformas.

El Nuevo Orden del “enfant terrible” del cine latinoamericano

Perlak tuvo una notabilísima apertura en la primera jornada del festival con Nuevo Orden del mexicano Michel Franco, una estremecedora distopía que tiene como marco el país latinoamericano y su capital, el distrito federal, y que nos muestra una revolución de los más necesitados y marginados.

También, como puede llevar no tanto a cancelar un viejo orden pervertido mediante la subversión,  sino a degenerarlo aún más en un nuevo orden, donde rigen en la sombra los mismos poderes fácticos anteriores, de forma más despiadada y cruel. Fue un merecido Gran Premio del Jurado en Venecia por su reflexión, pese a su tono oscuro y sombrío.

Abordaba otros temas y una época distinta, Wife of a Spy de Kiyoshi Kurosawa, también de la cosecha de Venecia. Una anomalía en su filmografía vinculada al terror, pues ésta es una película de espionaje, un thriller con sabores a clasicismo y sobria caracterización, con una sorprendente puesta en escena para el conjunto de la obra de su autor.

Es en su natal Japón, justo antes y durante la II Guerra Mundial dónde sitúa su foco, con giros en su historia siempre fascinantes e inteligentes. Más que correcta, y aunque no fue de lo mejor considerado por el público de Donostia, sí que quedó sobradamente justificado por su rigor, el por qué del premio que había recibido al mejor director en el festival de la isla del Lido.

The Father y el recital interpretativo de Anthony Hopkins y Olivia Colman

La estupenda The Father, supone el debut en la realización cinematográfica del dramaturgo francés Florian Zeller, que realiza con la adaptación de su propia obra de teatro, una pieza cinematográfica en inglés compleja, emocionante y demoledora sobre la demencia, con ayuda de un Anthony Hopkins aún en estado de gracia pese a sus 82 años. No es extraño que el galo pensase en él cuando concibió la función en la escena, y que ahora en su traslación a la pantalla, haya contado con su presencia.

Zeller apuesta por una dirección austera, pero que aprovecha los mínimos detalles y cambio de escena, casi centrados en el apartamento de los protagonistas, donde los aparentemente sencillos encuadres y vestuario, esconden en sus formas y colores, claves sobre lo que el anciano Anthony percibe sobre su hija Anne (estupenda Olivia Colman), su entorno y todo lo que le rodea, en contraposición a lo que de verdad podría estar sucediendo. Nos ofrece a los espectadores a cambio, un punto de vista inédito a lo visto sobre enfermedades degenerativas mentales, en el cine, pues aquí adopta la confusión o la angustia del propio afectado.

Es un film que no oculta su origen como pieza teatral, pero la viste de más capas, que le sientan bien gracias a un guion firmado por Zeller y el británico Christopher Hampton (hay que recordar sus gloriosos libretos para la pantalla de libros como Las amistades peligrosas o Expiación), ayudado por todo el sólido elenco, puesta en escena, montaje sin fisuras de Yorgos Lamprinos y la música de Ludovico Enaudi.

El remate es una actuación colosal de Hopkins, que corona una larga carrera llena de méritos interpretativos. Un papel que me resulta superior, como Hannibal Lecter de El silencio de los corderos o el mayordomo Stevens de Lo que queda del día. Si en este año hay una temporada de premios, y se da el estreno cualificado de esta película, él y seguramente Colman, van a estar en ella. Y por qué no, también su realización, guion y montaje.

Fue considerada una seria candidata desde al Premio del Público del Festival, desde la sesión de estreno y la presentación con Zeller con el público en el Teatro Victoria Eugenia, vistos los largos aplausos tras su pase. Se lo llevó al final, con una gran nota y superando a rivales de mayores entidad y prestigio, con una propuesta que ganó a la platea por su combinación ganadora e inédita de emoción, empatía, autoengaño, franqueza e inteligencia. Ojalá la veamos en España pronto, sentados en una butaca, porque conmociona.

Me dejó más frío la presentación en el mismo día, en una sesión más tardía, de ADN, la nueva película de la también francesa Maïwenn. Una búsqueda de los orígenes argelinos de su directora y también protagonista, resultaba una narración excesivamente volátil, con personajes que interpretan a su ficticia familia, dentro de esta historia en la que muchas veces entran y salen de la trama de forma caprichosa y apenas justificada.

Ojalá Maïwenn hubiese apostado de forma mucho más plena por la descripción de la relación intrafamiliar, apoyada por los potentes personajes secundarios de Louis Garrel y Fanny Ardant, pues la película seguro que ganaría muchos enteros. Sin embargo, elige quedarse a medio camino entre ese conflicto de parientes y esa recuperación de las raíces, pues esta última muchas veces solo se intuye y apenas se deja ver de forma tangible, salvo en ese final ya lejos de la centralidad francesa.

Nomadland, el milagro del cine errante de Chloe Zhao y Frances McDormand

El pase de Nomadland en Perlak, se esperaba con expectación desde que unos pocos días hubiera obtenido el León de Oro en la mostra veneciana, el mayor premio de su jurado, y dejó después de su visionado no solo una grata impresión, sino una sobresaliente. La americana de origen asiático, Chloé Zhao cuenta tras la cámara y al mando del guion y el montaje, una historia que podría constituir una trilogía situada en el corazón de los Estados Unidos, junto con sus dos films anteriores Songs my brothers taught me y su más reciente The Rider, siempre con el sabor de su buscada independencia para retratar ese “Heartland”, que comienza a ser su terreno habitual.

Aquí su cine de tono casi documental y meticuloso pese a su aparente sencillez, con esa notable, agradecida y fresca participación de amateurs de sus obras precedentes, suma a dos actores profesionales y de probadas capacidades, como son la doble ganadora del Oscar protagonista, Frances McDormand (Fargo y Tres anuncios en las afueras) y el menos conocido David Strathairn (Buenas noches y buena suerte). Junto a ellos aparecen esos nómadas del título, que se interpretan a sí mismos (Linda May, Swankie o Bob Wells), con los que recorren una América profunda devastada por la crisis financiera de 2008, que sufre aún tres años después, en 2011, las consecuencias del paro, el empleo de escasa calidad y los bajos niveles salariales.

La película busca acompañar a estos errantes herederos de los pioneros americanos, nómadas no por vocación, sino por necesidad, a un viaje donde pese a contar con pocos recursos, sus ganas de seguir viviendo cada día se imponen a sus penalidades. Zhao construye siguiendo el camino trazado por Agnès Varda, una verdad sustentada en una ficción mezclada con algo que no lo es tanto. Un film auténtico con corazón en el que las facciones de los personajes, con sus arrugas y sus limpias expresiones, son tan protagonistas como el vasto, desolado pero bello paisaje azul, gris o casi blanco cuando nieva, de las tierras de Nevada o Colorado.

El rostro de McDormand se transmuta como en sus películas más brillantes, de nuevo orgánicamente, y con trazo natural, da vida a Fern, la orgullosa propietaria de solo unas manos para trabajar y una autocaravana itinerante como único refugio. Una caracterización naturalista que no obstante, juega con el público el rol de médium, para que comprendamos el espíritu de esa esperanza que no se resigna, pese a la dureza de la vida, a seguir adelante. Así surge una mujer viuda de fuertes convicciones y voluntad, digna heredera del Tom Joad literario de Steinbeck y sus uvas de la ira, que busca un nuevo camino e identidad, basado en la solidaridad pública y plenamente luchadora, con y por sus semejantes.

Es en su mirada azul, multiplicada por sus ropas y los cielos del mismo color, donde descubrimos que hay gente, no tanto sin hogar, como simplemente sin casa, que busca vivir plenamente en estas difíciles circunstancias. Alegres, pese a que siguen recordando lo mejor y más feliz de ese pasado de sus vidas que han dejado atrás, pues aún tienen el coraje de mirar con cierta ilusión al futuro.

Aunque Nomadland no es un film perfecto, pues su ritmo interno decae en ocasiones, casi lo es. Nos sentimos más atados a los personajes cuando más parece (oh, paradoja) que son ellos mismos. Es una obra que no necesita de una tensión dramática forzada, lo cual la convierte aparte de su historia y diálogos en un poema visual de gran valor.

Y aunque la narración, parezca mínima e improvisada, Nomadland está basada en un libro de Jessica Bruder del mismo título, cuyos derechos pagaron Zhao y McDormand, admiradoras del mismo, que querían recrear el mensaje del texto creando a Fern.

Se debe destacar aparte de la modélica dirección de Zhao y la actuación de McDormand, que les llevará a obtener muchos galardones si al final se celebra esta temporada de premios, la inmensa fotografía de un Joshua James Richards cuyo uso de una cámara de formato panorámico como paleta de luz y color, recuerda meritoriamente al retrato de América que hizo el mítico Néstor Almedros en Días del Cielo.

Además la música al piano de Enaudi completa la imaginación visual y lírica de su realizadora. Curiosamente, el próximo trabajo de Zhao, no será intimista, sino una película del universo cinemático Marvel como The Eternals. Veremos si es capaz, como otros no han podido antes, de innovar en el género superheroíco.

Muy recomendable para la crítica y el público, Nomadland sería una película de la temporada en circunstancias más normales. Y es extraño, pero en este tiempo de pandemia se hace aún más nuestra y contemporánea, por su ambición de emocionar con lo pequeño y su evocación de una vida distinta, más austera y difícil, pero viable y esperanzada. Un ejemplo, pues tras las crisis presentes que sufrimos (y las que puedan venir), quizá debamos acometer como sociedad, muchos cambios de carácter parecido.

Never rarely sometimes always y El agente topo: Más cine independiente así, por favor

Exhibida tanto en Sundance (premio dramático de cine norteamericano) como en la Berlinale (gran premio del jurado), Never rarely sometimes always de la neoyorquina Eliza Hittman es una cruda, detallada y veraz crónica del viaje forzoso de dos primas adolescentes de Pennsylvania a Nueva York.

El tercer largometraje de Hittman es tan rabiosamente independiente como sus precedentes, It felt like love y Beach rats, pero tiene un tono más urgente y un tema central muy espinoso, donde su desarrollo y resolución se llenan de sororidad, con pinceladas melodramáticas, pero sin efectismos. Estas cualidades brotan gracias a que sus protagonistas Sidney Flanigan y Talia Ryder brillan dando matices de amistad, realismo y viveza a sus personajes.

Otra creadora total en guion y dirección, Hittman ha hecho debutar a la cantante Sharon Van Etten ante las cámaras. Además, ha contado con una ambiental y absorbente banda sonora de la también cantautora solista Julia Holter. Film notabilísimo pese a su dureza, por la cual recibió el premio Otra Mirada de RTVE, no obstante, pasó muy desapercibido en su estreno comercial en España el pasado 25 de septiembre.

La próxima ocasión, volveré para hacer otra recapitulación, la última, más variada aún, con el resto de secciones del Festival, como New Directors, Horizontes Latinos o Zabaltegi-Tabakalera. Aún quedan por descubrirte, amado lector, algunas gemas dignas de ver. !No te lo pierdas!

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Ingeniero civil. Ahora trabajo sobre caminos de hierro, pero el resto del tiempo busco tender puentes con otros ámbitos y profesiones, además de transitar por sendas culturales y de ocio. Mi lema es que siempre hay nuevas formas y tiempo para aprender, y también para enseñar.

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