Inicio Cine 68º Festival de San Sebastián. Crónica de la Sección Oficial (y II)

68º Festival de San Sebastián. Crónica de la Sección Oficial (y II)

A continuación concluyo con la crónica de la Sección Oficial de la 68ª edición del festival de San Sebastián. Repaso la segunda parte del mismo, que incluyó una gran representación de cine documental, y otros títulos destacados como True Mothers de Naomi Kawase, o la ganadora de la Concha de Oro, Beginning de Dea Kulumbegashvili, hasta la película de clausura, que como la inicial no estaba en competición: la última obra de nuestro galardonado director español, Fernando Trueba. Y como cierre, las impresiones de la première en el seno del certamen de dos series españolas tan potentes como Patria y Antidisturbios.

Cine documental de gran valor

La crítica del festival volvió a ver buen cine en la sección a concurso, a raíz del pase de El Gran Fellove, un muy agradable documental del actor americano Matt Dillon, sobre la figura del semidesconocido músico de afro-jazz cubano Francisco Fellove. Un trabajo que llevaba casi 20 años a completar en cuanto a su elaboración y al que este periodo de pandemia seguramente ha ayudado a finalizar. Era una deuda que sentía Dillon que tenía que pagar a este pionero del scat en la música cubana al que conoció de forma personal intentando que grabase y sacase un disco.

Conocemos a Fellove al final de los 90, y echamos una mirada nueva a los músicos de su generación, algunos más de los descubiertos por Wenders en su Buena Vista Social Club o por Trueba o Mariscal, en sus incursiones en la isla con los Valdes o Cachao. La riqueza de esta propuesta consiste ahora en descubrir en esta obra al músico, y a la vez a la emigración cubana de los años 50 a México, y no solo la de los artistas, sino en general.

Un film que al final nos promete otras contribuciones futuras sobre Fellove y su música, y que arrancará los pies del espectador a bailar, sobre todo con ese clásico compuesto por el propio Fellove: Mango Mangüe.

Se asomó a la Concha de nuevo el español Antonio Méndez Esparza con Courtroom 3H, otra pieza de no ficción, que crea una pieza de gran valor sobre la actividad de un tribunal de custodia de menores en Tallahassee, estado de Florida, mostrando una justicia vista desde dentro de la sala con más que enorme precisión y rigor.

El ojo de este profesor de cine y director, que ya había presentado hace tres años aquí otro título notable como La vida y nada más, entre la ficción y el documental, aquí escoge la 2 horas de realidad de entre las 300 que ha rodado, para que el espectador extraiga conclusiones por sí mismo, viendo pasar a padres, cuidadores, abogados, departamentos de menores y delante del juez titular de este tribunal. Cada uno puede concluir con un parecer acerca de, si la justicia es realmente el propósito final de todos sus procesos, pero hay sentimientos tan inapelables como sus sentencias.

Se estrenó en salas el 25 de septiembre, días después de su exhibición en el Festival, y no nos hubiera extrañado alguna mención final en el palmarés, a esta pieza de realidad muy necesaria de conocer. Sin embrago, ese lugar fue ocupado por la parte documental, con el Premio Especial del Jurado a Crock of Gold: A few rounds with Shane MacGowan, del británico Julien Temple.

Esta película con producción del interprete americano Johnny Depp, habla de la obra y vida de excesos del líder del grupo irlandés The Pogues, es un título con interés que este cronista aún tiene pendiente de recuperar en salas u otras ventanas de exhibición cuando empiece su vida comercial, pues las críticas apuntan a un título vibrante e irónico.

Premio Donostia para Viggo Mortensen y True Mothers 

Fuera de competición y acompañando su merecido premio Donostia en la edición de este año, el actor Viggo Mortensen trajo a la muestra donostiarra Falling, su ópera prima tras el objetivo de la cámara, que cubre la relación a lo largo del tiempo entre un padre estricto de ascendencia nórdica y su hijo. Ambientada entre los estados del interior americano y los Ángeles, juega con la tensión entre un piloto civil y ex-militar, homosexual que salió del armario hace bastante tiempo, y una figura paternal al borde de la demencia.

Aquí, Lance Henriksen está formidable como el padre anciano protagonista, mientras que Mortensen, juega un rol algo más secundario, como su ayuda, guía y acompañante, que intenta permanecer a su lado y cuidarle a pesar de su mala relación en general con su descendientes. Un film que tiene toques muy personales, con una visión dura pero reflexiva sobre los vínculos de una familia. Falling se puede ver en las pantallas españolas desde el pasado 2 de octubre.

Otro pico del festival, se produjo con True Mothers, donde la japonesa Naomi Kawase conseguía presentar en la Sección Oficial, el híbrido más exitoso entre su carrera más artística (con títulos como Aguas Tranquilas y Hacia la Luz) y la más comercial (como su más conocida Una Pastelería en Tokio). Con sutileza y estilo, la realizadora y su co-guionista Izumi Takahashi, basándose en una novela de Mizuki Tsujimura, cuentan y cruzan tres historias sobre la maternidad a tiempos distintos que al final convergen en una sola.

Kawase logra aquí un film donde mezcla de forma hábil, el melodrama y la forma del documental, o de manera temática, el romance juvenil con la amistad femenina y el amor de madurez en la pareja. Tira de todos los hilos para tejer un relato sobre la identidad, y al igual que su compatriota Hirokazu Kore-Eda, para cuestionar al final, en que consiste el modelo de la familia tradicional, para generar uno nuevo, el de los afectos.

Este fue otro título, que a pesar de ser un poco largo, y pecar de exceso de ambición en ocasiones, apuntaba con justicia al palmarés del festival, que en este caso, quizás podría haber visto una mención a su dirección, guion o con una Concha de Plata a la mejor actriz para sus co-protagonistas Aju Makita, en el difícil papel de la joven Hikari, o a Hiromi Nagasaku, como la esforzada Satoko. Y sin embargo, también se marchó de vacío.

Beginning, la revelación premiada 

Hemos dejado el plato más fuerte de la Sección Oficial para el final, claro. Y aunque hablamos ya en nuestro artículo sobre el palmarés del festival, de la película de la georgiana Dea Kulumbegashvili, vuelve a merecer unas cuantas líneas más, pues su opera prima Beginning sigue siendo una inmensa revelación. Una de las obras que más fascinación y polémica trajo (con razón, por cierto) al concurso.

Contando con la producción ejecutiva del director mexicano Carlos Reygadas, apuntaba a estar también en los premios donde nos podíamos esperar respuestas de todos los colores acerca de la decisión del jurado principal. No era un film para todos los gustos, por su estilo y ritmo, pero impresionaba por su atrevimiento.  Pocos, muy pocos, serían capaces de contar tanto y aún dejar también a la interpretación del espectador lo visto, con esa puesta en escena a veces elíptica, en fuera de campo y nunca neutral, sino provocadora. Una hija espiritual del cine hecho por Lanthimos, Haneke o Tarkovski.

Es posible interpretarla como un ataque al dogma religioso, una crítica a la persecución de ideas incluida la de la libertad de credo o una metáfora bíblica, pero además contiene otros elementos como el de mostrar una exposición sobre el machismo en las comunidades religiosas o el ambiente de agresión en general en una sociedad patriarcal hacia la mujer. Premiados al final con justicia su dirección, el guion co-escrito con el actor protagonista Rati Oneli, y la Concha de Oro, máximo galardón del certamen. Deja a Kulumbegashvili como nuevo valor de futuro a seguir desde ya. Georgia ya ha preseleccionado este título para el Óscar a la mejor película internacional.

Sin embargo, por muy esforzada que sea su protagonista, la actriz Ia Suskhitashvil, me resulta excesiva la Concha de Plata concedida a su interpretación, cuando en mi opinión había otras actuaciones de nivel más contundentes en otros títulos. Los espectadores españoles, quizás sobre todo gracias a estos premios, podremos juzgarla a partir de principios de diciembre, pues la distribuidora Surtsey Films ha decidido de forma valiente y determinada, adquirirla para su exhibición. Bien por ellos, que ya se lanzaron a una iniciativa tan valiente como la reciente apertura (con éxito) de los Cines Embajadores en Madrid.

Clausura con Trueba y epílogo: Antidisturbios y las series en Sección Oficial

La organización decidió que sería otra película de la cosecha no vista de Cannes, El olvido que seremos, de Fernando Trueba, la que cerraría el certamen. Película basada en la novela homónima del colombiano Héctor Abad Faciolince, relata la vida y muerte de su padre, el médico y hombre público Héctor Abad Gómez, al que interpreta el español Javier Cámara.

Film de producción, equipo y reparto mayoritariamente venida del país sudamericano, no fue bien recibida en general por la crítica, que hizo alusión a su excesivo melodramatismo final. En este caso, no comparto esta opinión, pues el relato clásico que forma, sus juegos de texturas y formato, así como la interpretación de Cámara, me parecen elogiables. Encontrará, si es posible, su lugar entre el público.

El seno del festival se cerró así, pero sumó dos eventos fuera de concurso, ambas brillantes. Tanto los dos primeros capítulos de la serie Patria (producción de HBO Europa basada en la novela de Fernando Aramburu), como en especial, el estreno integral de los seis capítulos de la serie Antidisturbios (producida por Movistar Plus), de los geniales Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, animaron el Festival durante su proyección.

Vi en el Kursaal solo los dos capítulos iniciales de la serie de Sorogoyen por cuestión de tiempo, pero están ya disponibles desde el día 16 de octubre en la plataforma de Telefónica. Y una vez vista por completo, se confirman las primeras impresiones que dejaba su adelanto: que será, por ahora, la obra cumbre del tándem creador de Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino o Madre. Aquí se les suman apoyos: Eduardo Villanueva en los guiones y Borja Soler en la realización de dos capítulos.

Dedicaré en próximas semanas un artículo integral sobre la misma, y solo puedo decir ahora que la razón es que, el resultado final es una de las mejores series hechas en los últimos 10 años, no sólo en España, sino en todo el circuito audiovisual mundial. Poderosa y magnética, reveladora de muchos de los males que aquejan a la sociedad española, Antidisturbios se puede ver de un tirón en sus cinco horas de extensión. Pocas propuestas tan contundentes se han hecho aquí,  contando además con un cast de lujo encabezado por Raúl Arévalo, Hovik Keuchkerian, Álex García, Patrick Criado, Raúl Prieto y Roberto Álamo, junto con la aparición de una Vicky Luengo, que aquí brilla y despega en la pantalla.

Dijo José Luis Rebordinos, director del festival de Donostia, que se había pensado incluir Antidisturbios, a pesar de ser una serie, en competición. Y que lo habló y le disuadió de ello, Thierry Fremaux, director del festival de Cannes. Quizá el francés debió recordar lo que hizo en un caso similar hace unos años con Carlos de Olivier Assayas. ¿Dejarán la puerta abierta para futuras ediciones a reconsiderar estos criterios?

Sea como sea, este festival internacional de San Sebastián ha quedado no solo como una competición de nivel elevado, sino con palmarés por todo lo alto, gracias a su buena dirección y selección de títulos. Una referencia para futuras ocasiones, donde debería ayudar que el público pueda volver a llenar las salas y calles de esta ciudad, una vez pasada la pandemia que nos aqueja.

Volveré pronto a Dévé a contar que sucedió en otras secciones paralelas como Perlak, que recogían la selección de lo mejor visto en otros certámenes, que también fue muy meritoria. ¡Nos vemos pronto!

Artículo anterior¿Por qué no consigo resultados?
Artículo siguienteAceptar tu cansancio no es una señal de debilidad.
Ingeniero civil. Ahora trabajo sobre caminos de hierro, pero el resto del tiempo busco tender puentes con otros ámbitos y profesiones, además de transitar por sendas culturales y de ocio. Mi lema es que siempre hay nuevas formas y tiempo para aprender, y también para enseñar.

¿Qué opinas? Hablemos.