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Eusebio Sempere y la sensibilidad de la forma

Deve Sempere Reina Sofía

Quizás sea de las pocas cosas buenas que tiene estar parte del verano en Madrid: presenciar un suceso, paranormal casi. Te encuentras las calles de la capital (normalmente abarrotadas de personas) casi vacías en los meses de verano y tienes toda las vías dispuestas para ti con un sinfín de oportunidades. Es en ese momento cuando dices: voy a disfrutar de la ciudad.

Uno de estos días me he dado el gustazo de acercarme al museo Reina Sofía a ver la exposición que habita desde mayo entre sus muros y hasta mediados de septiembre. Tenía ganas de empaparme de algo diferente, algún tema que no fuera más de lo mismo. Que está muy bien, porque cuando te gusta realmente algo, nunca te cansas de ello, pero hay que estar abierto a nuevas vertientes. Siempre.

Ver la obra de Eusebio Sempere, disfrutar en primera persona de la retrospectiva de este artista español, pionero del arte abstracto y cinético me ha hecho reafirmarme en que me queda un universo por descubrir.

Hace tan solo 33 años que Sampere nos dejó, demasiado pronto pero con una herencia artística increíblemente adelantada a su época. Gracias a una ayuda económica que recibió en 1948 pudo estudiar en París los más vanguardistas movimientos del momento, llegando incluso a coincidir con genios como Chillida y entablando una gran amistad con Víctor Vasarely, conocido por ser el padre del Op Art, cuya retrospectiva también puede verse en el museo Thyssen.

Fue en la ciudad de luz donde se impregnó del conocimiento moderno y se adentró en el universo Kandinsky o en la obra de Mondrian, entre otros. Pinceladas que iba adquiriendo de unos y otros y que fue plasmando de forma maestra en todas sus obras hasta ser uno de los grandes de este país.

Hay quien asegura que una breve discapacidad en un su ojo derecho le facilitaba esa percepción del volumen tan característico en él. Pero algo que no se puede pasar por alto es la sensibilidad en las formas y colores que muestra en su obra. Yo misma, con poco más de una simple miopía me doy cuenta de que no es fácil acceder a ese nivel tan sublime.

En la exposición pueden verse las dos principales vertientes de Sempere. Por un lado, sus inconfundibles gouaches sobre papel y por otro lado, sus impresionantes relieves trabajados en materiales tan diferentes como la madera, el plexiglás o hasta pequeños motores eléctricos y bombillas.

Sus gouaches, un tecnicismo tan francés como su vertiente, tienen un sello muy personal. Él decía que con su obra pretendía “reestructurar la pintura, tan maltratada por el éxito y difusión de la tendencia informalista” y lo consiguió a la perfección. Se aleja de todo tipo de perspectiva. Todas sus figuras, compuestas por miles de rayitas de colores tenues, son dibujadas en un primer plano, plasmadas por todo el papel (generalmente negro). Ahí es donde entra en juego nuestra visión, y es lo que él pretendía.
Relieve experimental de Sempere.
Los relieves luminosos móviles, puede que para mí sean los protagonistas por excelencia de toda la trayectoria artística “semperiana”. En la exposición se aprecia la evolución desde las primeras figuras con formas geométricas y la luz blanca, hasta la complejidad que adquieren las últimas, en los que incluye delgadísimos plásticos de infinidad de colores y hasta pequeños mecanismos que aportan luces y apagados con bombillas.

No sé por qué, un arte que no está tan marcado como otros grandes como pueden ser Velázquez, más “clásico”, o Picasso más contemporáneo y por eso con un lugar privilegiado también en el Reina Sofía, puede llegar a inspirar tanta sensibilidad…

Es verdad que las grandes maravillas consisten en eso, en lo hacen sentir a cada uno, pero a veces, a simple vista, es difícil de explicar.

Sempere, a pesar de ser muy reconocido en la vertiente más modernista a nivel internacional, lo cierto es que en su propia casa no tiene bastante popularidad, cuando en realidad, hay mucho que agradecerle.

Este visionario adentró a España a una nueva fase en su cultura, mucho más abierta y con métodos y obras más avanzadas de lo que se podía imaginar hasta entonces.

Por eso, cuando aprendemos algo nuevo o vemos por primera vez algo extraordinario, lo entendemos, lo valoramos… el cerebro te hace un “click”. Hace reaccionar tu cuerpo de múltiples formas y comprendes todo lo que te queda por descubrir teniéndolo al alcance de tu mano.

Puede que muchos no sepan reconocer quién era Eusebio Sempere a simple vista, pero sí invito a cualquiera que me esté leyendo a que vaya a admirar su legado y se de cuenta por sí mismo de todo lo que ha influido hasta nuestros días.

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Extremeña de nacimiento y madrileña de adopción. Llego a Dévé para dar un enfoque práctico de los lugares con más carisma de la capital y hablar sobre diferentes asuntos que atañen al estilo de vida en su amplio significado (libros, música, arte...). Me encanta poder dedicarme a mi pasión y poder demostrar que el periodismo aún no está muerto.

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