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Huye de los lugares comunes y piensa en algo nuevo

De vez en cuando un autor crea una nueva expresión para referirse a un concepto o expresar una idea. No necesita ser una idea especialmente novedosa para que, en ocasiones, comience a ser repetida por cada vez más personas. Se convierte en un cliché que se aplica indiscriminadamente. Son como la camisa que con el tiempo y los lavados va perdiendo el color y la prestancia que tenía cuando la compramos. Estas frases acaban convertidas en un trapo ajado y descolorido.

En 1991 Judith Bardwick acuñó la expresión zona de confort. Con ella se refería al conjunto de tareas y situaciones en que una persona se encuentra a gusto. Se supone que, conforme aprendemos cosas nuevas o adquirimos habilidades, nuestra zona de confort se amplía incorporando nuevos escenarios.

No parece que esta sea una idea revolucionaria, pero fue una de esas expresiones a las que le tocó la lotería: a base de ser repetida acríticamente, se convirtió en un mantra. No hay semana en que no la oiga un par de veces.

Repetirla se ha convertido en parte de nuestra propia zona de confort; mejor dicho, de nuestra zona de pereza: nos evita el trabajo de pensar en nada más original. Yo siento un gran aburrimiento cada vez que la escucho: no puedo evitar dejar de atender. Nuestro cerebro está habituado a ignorar rápidamente el zumbido del aire acondicionado: información repetitiva e irrelevante.

Casi siempre se usa reclamándonos que debemos salir de nuestra zona de confort. Es tanto como decir que debemos dejar de estar a gusto, para estar a disgusto. Estar cómodo y disfrutar, parece que es un gran pecado origen de todos nuestros males. ¿Hemos venido a este mundo a sufrir? ¿Debemos ponernos un cilicio?

Nos dicen que esta es la forma de alcanzar metas elevadas. Un barco en puerto no irá a ninguna parte, pero ¿a  alguien se le ocurre motivar a la tripulación diciéndoles que van a sufrir todo tipo de penalidades en alta mar? ¿No será mejor animarles a vivir una aventura excitante, descubrir nuevas tierras, alcanzar el honor y la gloria, y hacer historia?

Nos dirán también que hay que es la única manera de aprender cosas nuevas. ¿Sólo sufriendo se puede aprender? ¿Tendremos que resucitar el método pedagógico de la letra con sangre entra? Desde luego, esta no es la mejor disposición para aprender algo. Un niño no para de probar cosas nuevas, no le importa caerse 100 veces y volverse a levantar. ¿Está sufriendo? No, simplemente tiene una ansia por experimentar y lo está pasando bien. Nosotros, adultos, también aprendemos mucho mejor con una actitud abierta a disfrutar del proceso.

Existen expresiones manidas que son como los chicles arrojados en el suelo, sin darnos cuenta se nos pegan en la suela y vamos caminando con ellas. Conviene, de vez en cuando, revisar nuestros zapatos y limpiarlos de lugares comunes.

Visita nuevos lugares, conoce a otras personas, aprende algo nuevo. Disfruta de la experiencia de estar vivo, y olvídate de frases hechas.  Si alguien te vuelve a repetir que salgas de tu zona de confort, sigue a lo tuyo.

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Soy un directivo con dilatada experiencia profesional en los sectores energético y minero. En la actualidad ayudo a profesionales senior a desarrollar sus habilidades de comunicación y persuasión.

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