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¿Debemos saber lo que cobran nuestros compañeros?

¿El sueldo es un asunto privado? ¿Hasta qué punto conviene que lo sea? El problema de la brecha de género se mantiene.

De hecho, las mujeres trabajan gratis dos meses al año, según los estudios. Varios factores que fomentan la brecha de género apuntan a las diferencias de percepción con respecto al hecho de negociar el salario, el grado de aceptación de una demanda de un salario mayor en el proceso de selección (se acepta que un hombre demande un salario más alto, sin embargo, cuando se trata de una mujer se le tiende a cuestionar más) y el secretismo alrededor de los salarios.

(Leer también: «Dejen de decir a las mujeres que tienen síndrome del impostor»)

El salario de otra persona siempre se ha considerado tema privado (incluso en las parejas). Por no decir que el tema de la privacidad del salario ha evolucionado hasta estados en los cuales ya es muy difícil ver una oferta de empleo en Internet en la que figure el salario, y actualmente da la sensación de que las aplicaciones a puestos de trabajo son en realidad subastas. A la baja. De ahí la razón de que la privacidad o el secretismo se hayan convertido en una cuestión problemática: en el seno de la confidencialidad se pierde información relevante.

En Finlandia se ha presentado un proyecto de ley que permitirá a los trabajadores consultar los ingresos de sus compañeros si sospechan que no se les paga lo mismo por el mismo trabajo. Es una medida que busca reducir la discriminación salarial en el país nórdico, de las más altas en la OCDE.

En este caso, la principal organización de empleadores, la Confederación de Industrias Finlandesas, ha declarado que si hacen obligatorio publicar la información detallada sobre los salarios individuales, esto conducirá “a la curiosidad general y el deterioro del ambiente laboral”. El miedo a la evidencia. La curiosidad es completamente normal, y probablemente no mate a ningún gato. Por fin se tendría acceso a una información que durante años estaba oculta y siempre había ganas de tener. Eso si quizá incomode.

No obstante, cabe considerar un componente de fondo que esta medida de permitir conocer el salario de los compañeros de trabajo puede destapar. Una reciente encuesta de LinkedIn noticias España reveló que el 62 % de los trabajadores trabajan más horas de las estipuladas en su contrato. Haría falta profundizar más para saber cuánto de ese 62 % corresponde a hombres. Porque la realidad es que el peso de la difícil conciliación aún cae sobre las mujeres, que son las que normalmente salen antes de las oficinas para encargarse de la familia y del hogar, frente a los hombres que son los que tienden a quedarse más tiempo en las oficinas. En ocasiones, durante esas horas fuera del horario laboral en las cuales las mujeres ya están en sus casas ocupándose de sus familias y los hombres permanecen en las oficinas se realizan actividades —y oportunidades— que el día siguiente favorecen a los que se quedaron haciendo horas extra incluso en sus salarios.

Dado que en una misma oficina pueden haber personas que acaban trabajando más que las demás no necesariamente por su puesto, sino por el grado de implicación que manifiestan, la pregunta “¿Cuánto ganas, compañero?” permitiría entrar en conversaciones honestas —para quienes no se toman una cuestión como un juicio—. que fomenten decisiones más informadas.

También aclararía preguntas fruto del agravio comparativo: cómo se califica la antigüedad, si realmente son necesarias las horas extra, el buen manejo del tiempo, el fomento de una sana cultura de competitividad, la meritocracia, la cultura de la empresa, la transparencia en los requisitos de un puesto y su cumplimiento, la filosofía de la negociación de sueldos, los sesgos cognitivos… Y la diferencia entre “realizar un trabajo igual” y “tener idéntica categoría y mismo puesto”.

Saber cuánto ganan los compañeros de trabajo puede ser un factor decisivo en la dinámica laboral. ¿Estaríamos dispuestos a compartir lo que ganamos naturalmente? ¿Estaríamos dispuestos a conocer los sueldos de los compañeros y asumir las conversaciones que eso genere? 

 

Imagen: rawpixel

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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