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Sara Gómez: “Quiero respetarme las emociones, quiero abrazar la emoción y la sensación que tengo en ese momento.”

  • Nombre: Sara Gómez
  • Ocupación: Actriz y Terapeuta
  • Qué quería ser de mayor: Influenciada por lo que querían los demás, no lo sabía. Experimentaba, le gustaba tocar la guitarra, pintar y bailar flamenco… Le encantaba hablar, se creaba personajes y tenia conversaciones imaginarias… En el fondo, quería “aprender a ser ella misma”
  • Libro: Los Cuatro Acuerdos – Miguel Ruiz

Retomamos la conversación que tuvimos con Sara hace ya unos días. Con ella hablamos de comunicación y narrativa, o más bien, de lo fácil que es fallar en eso…

Sara es de esas personas que se reinventa para salir adelante. La vida es un constante reto para ella, planea estrategias y trabaja duro para conseguir sus objetivos; obviamente, eso no quiere decir que no sea sensible y no pueda reconocer que todo esfuerzo tiene sus dificultades. Parte del proceso.

 

[Continuación…]

Espera, espera, espera ¡¿estuviste 4 años afónica?!

Sí, sí, fatal. 4 años en los que a partir del mediodía no tenía voz. Trabajaba en televisión y lo primero en lo que pensaba por la mañana al levantarme y lo último que pensaba al acostarme era mi voz… Y te das cuenta de cómo la mente domina tu cuerpo. Hasta me durmieron para mirarme las cuerdas vocales. Me dejé un pastizal en foniatras, otorrinolaringólogos… Y el doctor Ignacio Cobeta, jefe de otorrinolaringología de la Fundación Jiménez Díaz, una eminencia, dijo “mira Sara ya como reto personal, quiero mirarte las cuerdas a ver si tienes algo debajo”. Pero no, “no tienes nada”. Estuve 20 días sin emitir sonido. Nada de nada. Es una experiencia alucinante seguir moviéndote sin hablar.

Como si fuera un retiro espiritual, muchos pagan para estar 3 semanas así…

Sí pero en la vida. Cuando Roxana Coll que era mi foniatra, me dijo [pone acento argentino], “ya listo hablá, tu te ponés a hablar y ya está”…  Pero ¡uf! Estuve una hora y media en la consulta, sentada en un balón de pilates callada. Me decía “¡habláaa!”, y yo callada… Es que tenía pavor a ver cómo iba a ser mi voz, si había cambiado, si seguiría afónica…

No me he vuelto a quedar afónica nunca más. Hice el ‘clic’ de “bueno, ya está, sea como sea esta es mi voz”; y pasé a entrar en un casting y decir “hola buenos días” y los demás “puuufff… Qué voz…”, a decirme ahora “¡WOW, qué voz más especial, te he conocido por la voz”. Y es tan difícil porque en nuestra mente occidental necesitamos cosas materiales, cosas tangibles, conceptos de la RAE para sentirnos seguros. Por eso es tan difícil conocerse a uno mismo o tomar una decisión mental, porque todo, todo está en ti. En ti y en el cómo tú veas las cosas. Para comunicar bien hay que empezar por ahí.

Ahora, a toro pasado, desde tu intuición, ¿qué dirías que es lo que te pasaba?

Que he tenido un físico siempre muy aceptado socialmente, que a mí me ha generado mucha vergüenza, y yo quería que se me escuchara.  Claro, me quedé sin la herramienta que tenía para darme valor para tener que mirar hacía dentro. Ver el origen personal real de lo que pasaba. Justo me quedé afónica en el momento en el que empecé a trabajar en televisión. El cuerpo grita lo que tu mente no escucha. La enfermedad se muestra así.

«Sentía mucha vergüenza porque yo en mi desarrollo he intentado ser siempre lo que los demás esperaban de mí, y claro, imagínate, cuanta más gente conozca, ¡más complicado se me hace!»

 

Siempre has dicho que eras muy tímida de pequeña… ¿Fuiste mejorando?

Sí, he cogido un montón de herramientas… Mi profesor de literatura le dijo a mi madre que tenía que ir al mercado para hablar yo con la gente. Sentía mucha vergüenza porque yo en mi desarrollo he intentado ser siempre lo que los demás esperaban de mí, y claro, imagínate, cuanta más gente conozca, ¡más complicado se me hace!

[Risas]

El teatro me ha dado muchas herramientas para escudarme y luego ir incorporando cosas de mí poco a poco. Pero, por ejemplo, a día de hoy todavía me da mucha vergüenza cuando llegan los aplausos. Llevo 2 horas encima del escenario haciendo de todo; pero cuando ya soy yo la que sale haciendo de mí misma saliendo a recibir, ¡uffffff! Me queman los pies, me quiero ir.

¿Cuánto tiempo lleva acostumbrarse a estas cosas?

Lleva todo el tiempo que tú quieras. El que tú te permitas. Depende de la resistencia que pongas. Y a eso es lo que hay que ponerle atención, el “¿por qué me cuesta esto?” Al sentir. Hay que irse siempre al sentir. Hay que reconocer esa emoción. Es importante reconocer las emociones, por eso el taller de emociones de niños que doy.

En mi caso, no sentirme merecedora, porque soy yo la que hace esa acción. Esto viene de una creencia de madre de “estudia y saca buenas notas que es lo que tienes que hacer, no te tengo que aplaudir por eso, es tu obligación”. Entonces, yo estoy trabajando, estoy en el escenario, vosotros habéis pagado una entrada y ya está. Pero ahora… ese extra de “¡¡Bravooo!!” y “¡Qué bien lo has hecho!”… Estoy en ello, poniéndole más consciencia…

También es algo social que nos pasa a todos. Volviendo a la comunicación, es más fácil decir una crítica que un halago. Estamos programados para la crisis, para lo malo, para llamar la atención desde el sufrimiento. Ahora, si tú estás contento… “eh, ¿pero este de qué va?”. El mundo al revés.

Siempre ha habido en ti una parte de querer ayudar a la gente, de ser terapeuta. Empezaste dando masajes si no recuerdo mal…

Yo empecé así, me saqué en un verano lo de quiromasajista porque me gustaba y quise hacerlo. Empecé a dar masajes, me di cuenta que había mucho más.

Gracias a que me quedé afónica empecé a ver que había algo emocional, no sólo físico, y empecé a mirar para dentro. Conocí la quinesiología, la medicina tradicional china, la acupuntura, los meridianos, toda la conexión, la información y el potencial corporal… Entonces, por ahí seguí estudiando.

Luego en paralelo estaba la interpretación, la primera terapia por así decirlo. Para mí la interpretación es tener la capacidad de meterte en diferentes pieles y para hacer eso, me gusta crear un personaje. Con el texto que tengo me imagino una posible red de circunstancias. Eso te hace no juzgarlo, porque para tu personaje es su realidad y por lo tanto es la tuya.

Al generar ese tipo de dinámicas me doy cuenta que inevitablemente lo ves en tu entorno, te fijas en alguien y digo, “oh, mira, ¡tiene la misma línea de pensamiento que el personaje este que hice!”. Entonces ya puedes entender un poco más a esa persona, aunque sea a través de un juego. Que es una suposición también.

Para crear personajes empecé a estudiar el Eneagrama, que me parece espectacular. A mí me gusta la gente, para bien y para mal. En el Eneagrama hay 9 tipos de personalidades. Luego también está la Gestalt que también se mete mucho en la interpretación o las constelaciones familiares. Que suena un poco “hippie-mágico”; pero al final es poner un mapa, una escena representada. A veces, presentando las cosas desde fuera, las ves más fáciles que cuando te pasan a ti directamente.

¿Cómo llegas al Coaching Sistémico?

Entre todas esas cosas, empecé a tratar también con Daniel García Pérez-Juana, mi terapeuta, que es médico tradicional chino, osteópata, fisioterapeuta,… Alguien que tiene en cuenta tu cuerpo y también tu discurso, un compendio de tus condiciones. Y con él, me dijo, “Sara vete con Juan Londoño que tiene una escuela que hacen Coaching Sistémico en Talentum, que te va a gustar”.

Fui a una constelación y me gustó mucho. Es como vendría ser el objetivo de mi trabajo como actriz, conmover a la gente. A mí me gusta hacer obras que hagan pensar a la gente, que te hagan reír o enfadar, que te generen algo. Desde fuera siempre se ve todo mejor, ¿no? Las constelaciones te permiten ver un mapa externo porque los problemas no quieren ser resueltos, quieren ser vistos y, a partir de ahí, se te abren opciones.

Estoy contenta con el Coaching Sistémico; aunque está orientado al liderazgo o al mundo empresarial, al final se están formado como personas. Mi esperanza en la humanidad es que, aunque sea para ganar dinero, nos miremos todos para dentro para ser mejores. Me encanta.

«Lo único que intento es respetar mi organización de cada día sin juicio, en base a la energía que tengo cada día.»

 

¿Cómo te organizas? Yo, por ejemplo, aunque no tenga muchas cosas tiendo a ocuparme con mil historias…

El ruido mental. Y si no tienes trabajo te sientes fatal por el no sentirte productivo… Es ese juego tormentoso de decir, “hoy no he hecho nada…”. La vida es otra cosa. Y nos cuesta mucho sobrellevar ese juicio.

¿Cómo me organizo? Como madremente puedo, como dice una amiga. Ahora estoy estudiando el máster y tengo mucho contenido en la cabeza… Me organizo así, así. Esa es la verdad. Lo único que intento es respetar mi organización de cada día sin juicio, en base a la energía que tengo cada día. Sabiendo que doy el máximo de mí cada día. Recomiendo un libro muy bonito, “Los cuatro acuerdos” que dice precisamente eso, tratar de dar siempre el máximo de ti hoy, que es una cosa muy del yoga también.

Además de organizarse y conseguir los objetivos, a Dévé nos gusta también la motivación, la autodisciplina, ¿cómo lo haces tú?

Me cuesta mucho tener autodisciplina. Una carencia lógica. Es decir, si es porque tengo una obligación, porque alguien me lo pide, hago lo que sea. Al momento.

Ya somos dos.

¿Tú también? Ahora, si es hacer algo para ti mismo seguro que…

Dispersión total.

Yo he tenido épocas de muchísimo trabajo. En mi profesión, cuando trabajas no tienes vida, no tienes tiempo, no tienes nada. Y me paso el día diciendo, “tengo unas ganas de tener dos días para estar en el sofá, para leer o para organizar eso…”; y en cambio, cuando lo tengo, me siento absolutamente culpable por estar perdiendo el tiempo y no ser productiva. Tanto es así que, aunque esté leyendo, estoy diciendo “¿seguro que no se me olvida nada? ¿No tenía que hacer otra cosa? Seguro que algo habrá… ¿Qué era aquello de…? ¿Y lo otro…” y al final es decirme “¡BASTA! Esto lo estaba esperando, lo que tengo que hacer es solamente esto, ¡¿vale!?”.

Intentando respetarme el día a día porque también digo, “si yo sé lo que voy a hacer de aquí al verano de 8 de la mañana a 3 de la tarde y de 5 a 8, me muero…”. Pero, por otro lado, la inestabilidad es dura. Entonces, no tengo la fórmula mágica, eh, se trata de intentar, estar bien.

Yo también lo paso mal, hay veces que digo “me duele la realidad, soy una intensa…” [risas]. Luego, hay veces que a lo mejor la gente en Instagram dice “¡que de p*** madre!” y estoy hecha una mierda. El tema es que no pasa nada. Quiero respetarme las emociones, quiero abrazar la emoción y la sensación que tengo en ese momento.

Es necesario vivir las emociones, ya sean buenas o malas, evitarlas no es la solución. Dejaríamos de ser humanos…

No le damos tiempo… Es que tiene que ser un acuerdo que hagamos cada uno. Y es muy difícil no caer en el juicio externo. Muy difícil. También hay que tener en cuenta que cuando empiezas algo grande y te quieres a ti mismo, vas a recibir muchas quejas, muchas acusaciones, muchas envidias, muchas críticas. “¿Qué haces? Estás flipando, ¿dónde vas? Eso no va a funcionar”.

El Coaching Sistémico es maravilloso también para estas cosas… Un líder tiene que tener la capacidad de tomar decisiones después de estar al servicio del resto, porque es de donde saca la información. Ver qué es lo que la gente y el proyecto necesita y, en base a eso, tomar su decisión, entre otras capacidades.

Lo más complicado para mí es tener la capacidad de sostener la tensión que se genera en el sistema cuando hay un cambio. Porque el sistema siempre busca completarse y tienes que entender que cuando tú viras algo, se genera una deslealtad, inevitablemente adherida a la culpa.

Entonces, si somos un sistema y yo ahora cojo y me voy y lo rompo, hay gente que dirá, “bueno, bueno, que se ha ido ¡¿y ahora qué hacemos?!”. Habrá otro que dirá, “qué fuerte, esta… ¿¡cómo se atreve!?”. Un tercero que diría, “yo ya lo sabía, yo ya lo dije… ¿Y ahora qué? A ver si nos van a despedir a todos…”. Todo eso son consecuencias y discursos que tenemos en base a nuestro sistema personal; pero el que lidera, tiene que ser capaz de volver a recolocar todo cuando se produzca una ruptura así. Va a venir una persona nueva quizás, y va a buscar una pertenencia y no tiene pertenencia porque es nuevo. El líder tiene que se capaz de sostener eso. De ahí la importancia de la narrativa.

Cuando tú despides a alguien, aunque no vaya a terminar la relación personal, esa persona ha sido importante mientras ha estado aquí y hay que agradecer el tiempo y que ya no es necesario. Ese reconocimiento puede ser decisivo por cómo afecta al resto del grupo que se queda. Lo más difícil para mí como líder es sostener la tensión que genera un cambio en el sistema, porque no me gusta el conflicto.

Por otro lado, somos líderes de nosotros mismos, somos el primer sistema. Volvemos a la dualidad indivisibles, somos dos cosas, somos frío y calor, somos bien y somos mal, somos tristes y también somos alegría.

¿Cómo gestionas los momentos de bajón? Es inevitable tenerlos.

Yo estoy aprendiendo a permitírmelos y a comunicar si estoy mal. Porque también es más difícil para los demás. Hay veces que cuando tú no estás bien, no pueden sacar partido de ti, y ya no les interesas. Es muy doloroso, sobre todo cuando estás caminando hacia a una cosa de amor propio, despedirte de cosas o personas. Decir adiós…

«He dirigido un microteatro, es fabuloso, me apetece mucho empezar a probar esto.»

 

Si te dijera la cantidad de amigos que he perdido cuando he pasado por un mal momento…

Hay que permitirse estos momentos, rendirse, abrazar la emoción, sea cual sea, sería la maravilla. No te digo que sea totalmente capaz todavía, eh.

A los 101 años te pregunto otra vez.

Vale.

[Risas]

Además, es curioso, en mi trabajo no hay una continuidad, cambiamos de equipos, de gente, de trabajo, de todo. La interpretación es un medio en el que todavía se permite mucho. Como trabajamos con las emociones y los sentimientos, se permite mucho embarbascar las emociones y sentimientos personales con las del personaje. Aunque hay que poner distancia a veces, “si tienes problemas, mejor tratarlo fuera, aquí estamos jugando, esto es mentira. Si tienes muchas cosas tuyas por las que crees que necesitas rellenar tu ego aquí, estamos ralentizando el objetivo de esto que es estrenar, ganar dinero todos, y que salga un proyecto adelante”. No podemos hacerte terapia, porque se nos va el ensayo y encima no lo estamos cobrando…

¿En qué estás ahora? ¿Monólogos?

Sí, ¡estoy haciendo monólogos ahora!

Vi también que dirigías…

¡También! He dirigido un microteatro, es fabuloso, me apetece mucho empezar a probar esto.

Tengo que decir que te pega mucho dirigir.

Me lo dicen mis grandes referentes. Supongo que, como la terapia, me da mucho respeto y por eso voy poco a poco. Últimamente sí que estoy poniendo ojo avizor a hacer lo que me da miedo. Dirigí un microteatro y fue muy guay. Me apetece mucho dirigir algo más grande y lo haré. No tengo todavía nada, pero me apetece. Estoy escribiendo también, gracias a todo esto de los monólogos, he empezado a leer “El camino del artista” que es genial. Estoy describiendo la escritura como una terapia y un punto de vista que me alucina. Incluso leerme a mí misma y decir “madre mía ¡cómo está esto! Esto también soy yo”.

¿A qué te refieres con leer? Porque si te refieres a las 3 páginas matutinas de Júlia Cameron, no se puede, eh…

Leer lo que he escrito hace tiempo. Por ejemplo, en el móvil tengo un montón de notas, que lo escribo en el metro y tal. De repente, otro día estoy buscando algo y digo “¿y esto?”. Y ni siquiera reconozco que es mío hasta que no pone algo personal que me hace hilarlo: “Oh, ¿yo he escrito esto? Qué guay, hay veces que es muy chulo.

Me gustaría dirigir y tengo claro que, si dirijo, me va a costar arrancar; pero cuando diga venga, lo echaré todo y luego diré, “madre mía Sara, ¡¿es que no puedes ir poquito a poco!?”

A veces, o se hace dándolo todo, o no se hace…

Totalmente.

¿Y tienes en mente dirigir teatro de nuevo o probarías otra cosa?

Creo que, a nivel práctico, me resulta más fácil recrear una obra de teatro porque necesito menos cosas que no estén a mi alcance; pero me fliparía hacer un corto. También creo que sería más fino. Necesito más tiempo quizás por la infraestructura… que bueno, todo es ponerse, eh. Decimos “¡ahora!” y aparece un cámara, un tal… y se contagia el entusiasmo en los demás.


Sugerencia de presentación: Viva la Libertad – Pedro Pastor
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Consultor de estrategia empresarial y Mentor de artistas. He trabajado en entornos altamente cambiantes y competitivos en el mundo de los negocios, y he visto lo mejor y lo peor del ser humano. He comprobado que el cómo se hagan las cosas es tanto o más importante que el fin en sí mismo; y que el llamado éxito sólo se da gracias a la libertad de mente y espíritu. Fan de Bunbury y coleccionista de relojes.

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