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Mario Sáenz: «Efectivamente, pensamiento débil. Referencia a no saber bien por dónde nos da el aire»

Nombre: Mario Sáenz Martínez.
¿Qué querías ser de mayor? Un líder capaz de ayudar a otras personas.
Ocupación Actual: Autor de filosofía, la base intelectual de eso.
Una frase: “No me importa lo más mínimo todo aquello que no tenga que ver con la búsqueda constante de la excelencia para el mundo de mi tiempo”.


Una pregunta sobre el concepto del deber, porque a día de hoy tengo la sensación de que el deber es visto como algo que pesa, que molesta, y también de que antes el deber era como algo que te honraba. La gente decía: “Tengo que cumplir con mi deber”. Y lo decían orgullosos, como si fuese una honra tener un deber que cumplir y te satisficiera haberlo cumplido. Y yo me pregunto qué pasa ahora para que el deber haya pasado de ser algo que te honra y de lo que te sientes orgulloso a algo que pesa, que la gente no quiere tener en su vida.

Pues precisamente, Esther, yo creo que esa crisis del concepto de deber se debe a una crisis del concepto de libertad. Generalmente, sobre todo por la llegada de la post-modernidad, que es lo que suelo comentar en otras conferencias y en otros foros: es que simplemente esta post-modernidad ha llegado (espero que no para quedarse) hace unos años asociada sobre todo al cambio tecnológico, mercantil… Asistimos así a un momento de la historia en el que simplemente las cosas ocurren mucho más rápido, con mucha más intensidad, a una mayor velocidad que en otras fases históricas, y eso genera en el individuo y  en la sociedad una inestabilidad, por así decirlo, tanto gnoseológica, es decir cognitiva, como moral, lo que conlleva una pérdida del sentido total de la brújula de valores que nos define: esa brújula moral que debiésemos tener clara y resuelta como se tuviere en otro tiempo —no mejor ni peor, simplemente diferente—, algo que no es así ahora. Nos vamos adaptando como seres humanos y como especie lo mejor que podemos. Lo que ocurre ahora es que ese concepto de libertad ha mutado a partir de la post-modernidad como filosofía propia de nuestra contemporaneidad, asociada sobre todo, al pensamiento débil.

¿Pensamiento débil?

Efectivamente, pensamiento débil. Referencia a no saber bien por dónde nos da el aire, a no saber orientar bien la dirección de nuestra vida, tanto como individuos como colectivo —que al final somos todos parte de un proyecto superior que es la especie humana en búsqueda del sentido y de la trascendencia—.

Me llama a la atención lo de pensamiento débil. Es como que ahora tendemos más al hedonismo, al querer placer a toda costa…

Sí, sí, sí. Y de ahí, de que suba el concepto de placer, que baje el de deber. Pero que es absolutamente lo contrario: el deber hace que el placer sea más intenso y duradero. ¿Por qué? Mentalmente no hay arcoíris sin lluvia. Entonces, claro, si solo queremos placer, placer, placer y un placer guiado por la emoción, es natural que vayamos hacia una pérdida de nuestra identidad. Porque solo queremos placer, hedonismo, y las cosas rápidas. Y las cosas funcionan a largo plazo, y eso es un sistema natural de la vida. Y es lo que no se entiende hoy derivado de esta crisis del concepto de libertad. Que la libertad no es, como muchos apuntan, nihilismo, caos, desorden…; ¡lo diametralmente opuesto! la libertad es compromiso. La libertad es disciplina, es decir, trabajo duro por lo que se quiere. La libertad es compromiso con uno mismo y con los demás.

 

Uy, eso lo dices ahora, que “la libertad es compromiso” y vamos, ¡la gente se te vuelve loca!

Ah, sí, sí, pero eso es porque la gente generalmente es masa y a veces no sabe bien entender lo que quiere y debe hacer en consecuencia para gozar de algo de lo que pide de un momento a otro. Es necesario cumplir con unas obligaciones para acceder a unos derechos, libertades y garantías, por citar un ejemplo. Que los avances no se mantienen solos, entre otras cosas.

 

“La libertad es disciplina, es decir, trabajo duro por lo que se quiere.”

Me llama la atención que a día de hoy todo lo que no sea el placer por el placer es como que se rehuye. De hecho, hasta se les inculca a los niños, “Ay, que no le duela, que no sufra… vamos a protegerle de todo, hasta del más mínimo dolor”. Esto no nos hace bien.

Esto, ni nos hace bien, ni nos lo va a hacer. Lo que digo es que esto se debe a una crisis de una filosofía fuerte, derivada de la educación que tenemos a día de hoy en Occidente. Pero claro, no saber pensar de una manera crítica hace que lleguen los monstruos, como decimos algunos; y en esto observamos estas crisis de identidad que se convierten en: “Bueno, como no sabemos bien a dónde vamos, da igual todo”. De ahí la sobreprotección, el mimar a unos y a otros cuando la realidad, al contrario, funciona de otra manera, que es luchando y trabajando duro, jugándotela a veces, arriesgándote a hacer cosas que pueden salir bien o no tan bien… Eso no se puede eludir por mucho que se quiera. El contexto obliga antes o después.

¿Tenemos hoy en día la piel más fina que antes? ¿Somos más débiles ahora que antes? Mira Twitter, por ejemplo, toda la ira que hay… 

Sí, lo que te decía antes, relacionado a esa inestabilidad identidaria: cuando no sabes a dónde ir tiras a lo más sencillo, que es hablar de unos y otros no siendo parte, por supuesto, de la solución, sino más bien del problema. Necesitamos personas inteligentes, fuertes y emprendedoras, no mediocres.

(Continúa próximamente)


 

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Creo que nada es difícil si sabes hacerlo. Soy Esther, ingeniera de Caminos amante de los trenes y del progreso social que traen. Dirijo Dévé, donde edito y escribo sobre estrategia, liderazgo y dinámica social; pilares del desempeño pro y perso. La verdad —simple, directa y clara— te hace libre.

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