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Entorpecedores de la comunicación y la solución

Está claro que los seres humanos necesitamos relacionarnos con los demás. A diferencia de los animales tenemos la facultad de comunicarnos a través del lenguaje, lo interesante es que es difícil utilizarlo adecuadamente y aún más comprender a quienes nos rodean.

En muchas ocasiones me he preguntado por qué nos cuesta tanto abrirnos a las personas y expresar nuestras emociones y sentimientos. ¿A qué le tememos? ¿No sería más sencillo intentar hablar para llegar a ser entendidos y entender?

Sé que a todos se nos dificulta, soy consciente de que yo misma he caído en las tres trampas que entorpecen nuestra comunicación. La primera es suponer, la segunda es pensar que el otro sabe o adivina qué quiero  y la tercera es dejar las cosas implícitas por evitar conflictos, por miedo o por cualquier otra razón que cada uno de nosotros tengamos en nuestro interior.

El día de hoy me gustaría que habláramos de estos tres hábitos malsanos que pueden llegar a entorpecer nuestras relaciones familiares, laborales y afectivas.

1ª Suponer

Suponer es hacer una conjetura sobre los hechos y causas que han generado un resultado. La palabra suposición está compuesta por los prefijos sub (debajo) y ponere (poner), y el sufijo cion (acción). Es decir que su significado es: la acción de anteponer.

Anteponemos lo que imaginamos sobre una situación a la realidad de la misma, llegando a creer que es verdad. Este hábito, genera bastante sufrimiento interno y conflicto en nuestras relaciones.

¿Por qué hacemos suposiciones?

Nuestro instinto de supervivencia analiza los posibles peligros para que actuemos con prevención y conservemos nuestra vida, este es un programa natural que está instalado en el ser humano y nos ha ayudado a preservar la especie. Con el tiempo, este comportamiento se hace habitual y automático en nosotros.

La disfunción está en que sentimos la necesidad de controlar, comprender y saber la respuesta de todo lo que sucede a nuestro alrededor para sentirnos seguros; es aquí en donde dejamos de discernir entre cuáles son las situaciones en las que suponer es necesario para sobrevivir y en cuales es innecesario y dañino.

Solución:

La próxima vez antes de imaginarte una película en tu cabeza, ten el valor de preguntar; esto evitará confusiones y malos entendidos.


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2ª Creer que los demás adivinan o saben lo que necesitamos

Lamentablemente no hemos desarrollado la telepatía, desde mi punto de vista sería un éxito. No sé si te has dado cuenta, pero muchas veces queremos expresar lo que tenemos en mente y aunque buscamos la mejor manera de hacerlo, llegar a plasmar la idea que tenemos en la cabeza del otro es imposible. Esto sucede porque cada uno de nosotros crecemos en entornos diferentes, por esta razón construimos una identidad única y particular, desarrollamos nuestras propias creencias o límites y a partir de estos interpretamos la información que recibimos.

¿Por qué creemos que los otros saben lo que queremos y necesitamos?

Todo sucede porque cometemos el fallo de creer que nuestra forma de pensar es la adecuada y caemos en el error de esperar que los demás interpreten la realidad como lo hacemos nosotros, sin tener en cuenta que cada uno actúa y responde de forma distinta.

Todo lo anterior nos lleva a tener expectativas y a terminar sintiéndonos incomodos porque nuestra pareja, nuestro compañero de trabajo, nuestro amigo, nuestra madre… no responden hacia nosotros como creemos que deberían hacerlo. Lo grave del asunto es que terminamos por culpar a los otros por nuestro malestar, sin darnos cuenta que esa persona no podría haber sabido qué queríamos o necesitábamos sí comunicarlo previamente.

Solución

Siempre sentirnos libres de expresar qué queremos, cómo lo queremos y cuándo lo queremos. La intención en ningún caso es imponer o exigir sino más bien abrirnos y mostrar lo que hay en nuestro interior. Esto permitirá que la otra persona nos conozca y comprenda mejor dando también la oportunidad de manifestar si está o no de acuerdo.

 

3ª Dejar las cosas implícitas

Explícito como la palabra lo dice es lo que se explica con claridad y transparencia, implícito en cambio es lo que se da por sobreentendido. La disfunción está en que nada puede sobreentenderse porque como mencioné en el punto anterior, cada uno observa el mundo desde la información que tiene en su interior, entonces lo que para uno está sobreentendido para el otro posiblemente no lo está, o lo que para uno es evidente para el otro puede no serlo.

¿Por qué dejamos cosas implícitas?

Hay dos razones principales por las cuales caemos en este error:

  1. Tener la falsa creencia de que los demás actúan y piensan cómo lo hacemos nosotros.

Este es un comportamiento inconsciente que aparece porque pensamos que al ser todos seres humanos somos parecidos, omitiendo que cada uno piensa, actúa y responde de forma distinta.

2. Evadir la realidad

Este comportamiento puede ser inconsciente o consciente. Suelo verlo mucho en personas con tendencias de dependencia en cualquier tipo de relación, ya sea  laboral, familiar, afectiva, etc. Aun cuando el involucrado sabe que algo no anda muy bien prefiere hacerse el de la vista gorda y de está manera siente que podrá evitar eso que tanto teme.


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Solución

Desde el primer momento que un malentendido se presente, es primordial aclararlo, hacernos los que no vemos las cosas antes de disminuir el problema lo acrecienta. Por otro lado es indispensable entender y respetar a los demás.

Conclusión

La única manera de lograr que nuestras relaciones se desarrollen sanamente es a través de la comunicación. Manifestar nuestras necesidades y entender las de los demás es la clave para que nuestro mundo llegue a una convivencia coherente y armónica.


Foto: Matt Quinn

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Soy life coach y escritora de bienestar emocional. Los años en el sector privado me inspiraron a volcarme en el mundo de la inteligencia emocional y el liderazgo. Actualmente, además de escribir para Dévé escribo en valorarteblog.com. Espero poder aportar con mis artículos herramientas que mejoren tu vida laboral.

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